Daños colaterales

Prohibidas las piedras, salen los cuchillos

El domingo publicamos en nuestra columna “Daños colaterales / El libro de la semana” una reflexión de absoluta vigencia de la experta británica Karen Armstrong, quien hace 17 años escribió, en su clásico Jerusalén. Una ciudad y tres religiones (Paidós, 1997), que, “una vez que la posesión de un país o de una ciudad se convierte en un fin en sí mismo, ya no hay razón para abstenerse del asesinato”.

La cita viene a colación por la nueva oleada de violencias en los territorios palestinos e Israel, donde ayer, en un hecho sin precedente, dos palestinos mataron a puñaladas en sendos ataques a un soldado israelí en Tel Aviv y una joven de 25 años en una parada de autobús cerca de los asentamientos de Gush Etzion, en la Cisjordania ocupada. También es la primera vez que, desde el fin de semana, los disturbios movilizan a los árabes israelíes —20 por ciento de los ocho millones de personas que habitan Israel, lo que equivale a 1.4 millones de descendientes de los 160 mil palestinos que lograron quedarse en su tierra tras la creación del Estado de Israel (1948). Éstos salieron a la calle en protesta por el asesinato del joven palestino Heir Jamdan (22) , en la localidad de Kfar Kanna, que reclamaba por la detención de un familiar. Según el centro jurídico israelí Adalá de defensa de los derechos de la minoría árabe, su muerte fue “una ejecución a sangre fría”, a partir de imágenes que muestran a un policía disparando varias veces a la espalda de Jamdan, cuando éste intentaba huir con un cuchillo en mano. Estudiantes árabes de las universidades de Haifa y Tel Aviv también dieron su respaldo exigiendo la renuncia del ministro del Interior y del de Economía, Naftalí Bennett, de la fortalecida extrema derecha israelí.

Pero mientras el establishment político-militar israelí, que ha convertido en un gueto la vida cotidiana de los palestinos, siga negando su condición de ocupante, la rebelión del ocupado no se detendrá frente a la narcisista sociedad israelí. De ahí que, ante el anunció de Netanyahu de que se castigará hasta con 20 años de cárcel a quien arroje piedras (el arma más idónea para los palestinos de Cisjordania y Jerusalén Este ocupados) éstos han sacado a relucir sus puñales.