Daños colaterales

Obama sí pudo con el "lobby" israelí

Salvo, naturalmente, los gobiernos de Israel y Arabia Saudí, opuestos a cualquier negociación con Irán —además de Canadá, que en 2012 rompió torpemente sus lazos con Teherán—, el resto de naciones involucradas en el tema saludaron el acuerdo temporal de Ginebra entre Irán y el Grupo 5+1, esto es los cinco miembros del Consejo de Seguridad de la ONU más Alemania, según el cual el gobierno del presidente iraní Hasan Rohani acepta suspender seis meses parte de su programa nuclear a cambio de que se flexibilicen las sanciones económicas. En ese lapso, se intentará llegar a un acuerdo global.

“Nadie ha perdido”, dijo ayer el canciller ruso, Serguei Lavrov sobre el pacto tras una década de buscar llegar a algún acuerdo con Teherán sobre su plan nuclear. Y si la Rusia de Vladimir Putin se apuntó en septiembre un éxito al frenar una intervención de EU en Siria por el uso de armas químicas, ahora es la administración de Barack Obama la que se anota un tanto en política exterior al desechar el camino de la guerra  y apostar a la solución negociada, a pesar incluso de las advertencias del  primer ministro israelí Benjamin Netanyahu y de su ofensiva de última hora la semana pasada ante el Congreso de Washington.

De hecho, Obama respaldó de inmediato en septiembre la oferta rusa para desmantelar el arsenal químico de Damasco, lo que hace dudar de si en verdad su administración quería embarcarse en otra aventura bélica como lo hubiera hecho George W. Bush.

“Es más fácil comenzar guerras que llevarlas a su fin”, dijo Obama el 4 de junio de 2009 en su discurso “Un nuevo comienzo” pronunciado en la Universidad de El Cairo, donde se comprometió al inicio y al final de su texto con la paz y detalló siete puntos de tensión a resolver entre Estados Unidos y el mundo musulmán, dos de ellos el Irán nuclear y el viejo conflicto israelo-palestino, ligados hoy por hoy con más fuerza entre sí con más fuerza, no menos que la crisis en Siria.

Para ella también puede abrirse ahora una ventana si, como pretende Rusia, el Irán negociador de Rohani —producto en parte de la presión de las sanciones económicas—, puede sentarse en la segunda conferencia sobre la crisis en Siria a realizarse también en Ginebra.