Daños colaterales

Nueva York, Filipinas... las hipertormentas solo buscan refrescar

Con el tifón de fondo de Haiyan en Filipinas, la ONU inauguró ayer en Varsovia la nueva Cumbre sobre el Cambio Climático (COP19) que deberá reemplazar en 2020 al ya asesinado Protocolo de Kyoto y evitar así, supuestamente, los dramáticos efectos del calentamiento global, aun cuando los expertos no puedan confirmar —tampoco negar— la existencia por ejemplo de un vínculo directo entre éste y la nueva fuerza devastadora de los tifones o huracanes.

Como Sandy, el mayor huracán del que se tenga registro, convertido en la primera supertormenta o Frankenstorn del cambio climático según EU, al tocar tierra en la costas del oeste del país el 23 de octubre de 2012 con una extensión de casi 1,900 km de diámetro luego de golpear desde el 17 de octubre Colombia, Venezuela y el Caribe. Luego de 14 días se deshizo en Canadá, el 31 de octubre, y solo fue superado en fuerza por Katrina, que el 23 de agosto de 2005 se formó en las Bahamas, cruzó el sur de Florida como huracán categoría 1 y se fortaleció en el Golfo de México hasta la categoría 5 para devastar al cabo de siete días, con vientos hasta de 280 km/h las costas del Golfo desde Florida a Texas con saldo de al menos mil 833 muertos. Por añadidura falló el sistema de diques de Nueva Orleans, considerado el mayor desastre de ingeniería civil de la historia de EU.

Pero como en el filme de Roland Emmerich, The day after tomorrow (El día después de mañana, 2004), donde el climatólogo Jack Hall (Dennis Quaid) advierte en una detallada investigación que el calentamiento global puede derivar en un catastrófico cambio climático planetario, desde hace 60 años cuando se advirtió de la crisis, la mayoría de los líderes políticos y empresariales han optado por la indiferencia y/o el boicot. Y es que el derretimiento de los hielos antárticos facilita sin duda las perforaciones de las grandes corporaciones petroleras...

Por lo mismo, la Naturaleza ha decidido hacerse cargo de su propia defensa. De ahí las potentes lluvias para zonas que si no morirían por las sequías, y la fuerza del viento y de las aguas para limpiar la podredumbre de los ríos y mantener el equilibrio en el calor de los océanos. Lo de menos para ella es el hombre, ese gran, gran y sobornable depredador.