Daños colaterales

Nicaragua: más y más poder a Ortega

El presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, 68 años, ratificó el lunes que la Asamblea Legislativa, controlada por el oficialismo, debatirá este año en segunda  instancia un proyecto de reforma parcial a la Constitución que le da más poderes a él y a los militares. El parlamento debe debatir en segunda y definitiva lectura el proyecto de reforma constitucional que establece la reelección indefinida, la posibilidad de elegir al presidente en primera vuelta y con mayoría simple de votos y le faculta a emitir decretos ejecutivos con fuerza de ley, entre otros.

Reelegido en 2011 para su tercer mandato y segundo consecutivo (desde 2007) con 62.45% de sufragios, luego de una criticada campaña y una jornada electoral repleta de denuncias de irregularidades, Daniel Ortega es, a la fecha, según el sandinismo crítico, el presidente de Nicaragua con más poder desde la dinastía de los Somoza (Anastasio García y Debayle, 1937-1979), en tanto su partido, el alguna vez admiradísimo Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) domina los cuatro poderes (Ejecutivo, Legislativo, Judicial y Electoral) y la mayoría de los gobiernos municipales.

Al respecto, y frente a la pregunta que tantos nos hemos hecho en los últimos años sobre cómo es que Ortega llegó hasta ahí y cómo el FSLN terminó así, Dora María Téllez (1955), comandante guerrillera del FSLN y ministra de Salud en los 80, diputada del FSLN en los 90, además de historiadora y fundadora y dirigente hoy del crítico Movimiento Renovador Sandinista (MRS), considera que “el FSLN colapsó, ahora es la maquinaria política de una familia”.

La célebre Comandante 2 que, con 23 años, dirigió en 1978, junto con Edén Pastora (Comandante Cero) la toma del Palacio Nacional (Congreso) en Managua, acelerando la caída de la dictadura y el triunfo de la revolución en 1979, ubica a 1983 como el año en que inició el culto a su personalidad, cuando ya Daniel era uno de los seis miembros de un gobierno colegiado. El culto a la personalidad de Daniel se fortalece así, “primero bajo la tesis de que era necesario concentrar el poder para enfrentar la guerra contrarrevolucionaria. Y después, bajo la tesis de que había que fortalecer personalidades para enfrentar las campañas electorales, primero la de 1984 y después la de 1990. Poco a poco, su figura fue concentrando más y más poder y también teniendo más relieve a nivel público, de manera que cuando perdemos las elecciones [febrero 1990, ante la coalición de centro-derecha de Violeta Chamorro] él es la personalidad del FSLN con más ascendencia dentro y fuera del frente”.