Daños colaterales

Nicaragua: más y más poder a Ortega/ última parte

¿Por qué fue Daniel Ortega y no fue otro del FSLN, con una comandancia de ocho miembros, el que terminó ocupando desde 1983, en plena revolución sandinista, un lugar de poder privilegiado? Según la política, historiadora y ex comandante guerrillera Dora María Téllez “la respuesta es tal vez un poco, un poco… exótica. Yo creo que él llegó ahí por eliminación”, desde el triunfo mismo de la revolución, en julio de 1979.

En una extensa entrevista con la teóloga, escritora y periodista María López Vigil, directora de la revista Envío de la Universidad Centroamericana (UCA) en Managua (enero 2013, No. 370), Téllez evoca el perfil “tímido, callado, hábil en la maniobra, pero carente de liderazgo público” que tenía Daniel Ortega en los ochenta. “Parecía no representar una amenaza para nadie”.

Realizada hace ya un año, la entrevista (www.envio.org.ni) conserva sin embargo toda su vigencia.

En febrero de 1990, tras la derrota electoral del FSLN, Téllez dice que Ortega “se empeñó a fondo” en salvar su responsabilidad, como el resto de la Dirección Nacional (DN) del Frente, delegándola en los cuadros intermedios, “que terminaron siendo los grandes culpables de todo. Y en todas partes les volaron la cabeza a todos. Así se preparaba el terreno para lo que sucedería después. Siguiendo a la DN, la base le echó también la culpa a los cuadros intermedios. Y como éstos eran los que tenían más autoridad en el partido, la gente que podía debatir de tú a tú con la DN, una vez que fueron desapareciendo, lo que fue quedando del FSLN fue una dirección que tenía todo el poder y unos liderazgos de base con muchísimo menos poder.” 

El segmento que encabezaba Ortega, añade, también se oponía a una reforma constitucional que democratizara el sistema político, de corte presidencialista y autoritario, lo que también causó rupturas. Al fin, el grupo de Ortega terminó imponiéndose. “Pudo hacerlo también porque cuando llegamos a (la derrota de) 1990, Ortega había estado rodeado de un aparato de propaganda que trabajó mucho para cultivar y consolidar su personalidad.”

Para 1995, lo que estaba completamente claro en el FSLN “era que Daniel Ortega no se detendría. Que estaba dominado por su afán de concentrar más poder. Y no se detuvo. Es más: no se ha detenido. Ni se detendrá por su voluntad. Habrá que detenerlo”.

¿Qué sigue? Para Téllez, dirigente y una de las fundadoras en 1995 del Movimiento Renovador Sandinista (MRS), junto con otras figuras como el escritor Sergio Ramírez –hoy apartado del activismo–, lo que sigue es “seguir haciendo lo que hemos hecho: fortaleciendo los liderazgos comunitarios, la organización de las comunidades, la organización de la sociedad. Y en lo que a nosotros nos toca como MRS, construir una opción política consecuente con lo que andamos pregonando. Tenemos la confianza de que todo se va a catalizar en un plazo más corto del que suponemos. Porque ésta es una sociedad agotada del profundo sectarismo que ha inundado el país. El sectarismo de una casta familiar, de castas familiares. El sectarismo en el municipio del secretario político y de su familia discriminando al resto de la gente. ¿Qué nicaragüense cree hoy que las instituciones del Estado nos sirven a todos? Ya nadie lo cree. La gente está agotada del sistema de reparto prebendario a las castas de poder. Está agotada de hacer fila en el partido para que le den una beca, un trabajo, la matrícula…”.

La ex dirigente sandinista, que comparte el MRS con otros antiguos y reconocidos cuadros sandinistas como Mónica Baltodano, el diputado y ex vicecanciller Víctor Hugo Tinoco o el propio ex comandante de la DN, Henry Ruiz, agrega que “la gente en Nicaragua está harta de ser tratada como personas sin dignidad. Cuando a un maestro le dicen que tiene que ir a la fila del orteguismo, ¿qué va a hacer? ¿Decir que no va? ¿Y si tiene cuatro hijos y solo tiene ese salario? Se va a poner en la fila aunque por dentro proteste porque lo tratan con indignidad”.

¿Qué hacer? “El régimen de Daniel Ortega ha tratado de manera indigna a la inmensa mayoría del pueblo nicaragüense. La ha tratado como limosnera, como objeto, obligándola a hacer cosas contra su voluntad y contra su conciencia. Eso todos lo tenemos guardado. Eso va a reventar. Eso está ahí. Eso son corrientes subterráneas que ahí van y como toda corriente subterránea buscará cómo salir fuera. Llegará la hora. ¿Qué es lo que tenemos que hacer? Seguir fortaleciendo la dignidad de las personas, fortaleciendo su protagonismo, su posición, seguir fortaleciendo sus demandas y fortalecer sus luchas justas. Y seguir organizándonos y actuando para hacer que llegue esa hora.”