Daños colaterales

Netanyahu podrá vencer, pero no va a convencer

En octubre de 1936, cuando aún no existía el Estado de Israel —creado en 1948 en 54% del área que era el Mandato Británico de Palestina (actuales Israel, Cisjordania y Gaza), lo que dio inicio a la pesadilla del pueblo palestino que sigue hasta hoy, cuando solo les queda, disgregado, 13% de las tierras del Mandato— el filósofo y escritor Miguel de Unamuno (1864-1936), rector de la Universidad de Salamanca, protagonizó unos de los más célebres combates de la retórica por la libertad.

Liberal y socialista, Unamuno respaldó el gobierno de la Segunda República popur (1931-36) tras la dictadura de Primo de Rivera, pero pronto se desencantó de los abusos de la coalición de izquierdas y, pese a todas las críticas, apoyó el golpe militar que desencadenaría la guerra civil (1936-39), seguida de la larga dictadura de Franco (1939-75).

Pero Unamuno también se desengañó ante la brutal represión a republicanos y el 12 de octubre de 1936, en un acto en la Universidad por la Fiesta de la Raza, se enfrascó en una ardorosa polémica con el general golpista José Millán-Stray, quien acusó a Cataluña y el País Vasco —la tierra de Unanumo— de ser “dos cánceres en el cuerpo de la nación”. Tras arengar con el lema franquista “¡Viva la muerte!”, gritó: “¡El fascismo, remedio de España, viene a exterminarlos, cortando en la carne viva y sana como un frío bisturí!”.

Unamuno rechazó “el necrófilo e insensato grito” pero el represor insistió: “¡Muera la intelectualidad traidora! ¡Viva la muerte!”. A lo cual Unamuno, sin amedrentarse, exclamó: “Venceréis, porque tenéis sobrada fuerza bruta. Pero no convenceréis, porque para convencer hay que persuadir. Y para persuadir necesitaréis algo que os falta: razón y derecho en la lucha”.

Expulsado de la universidad ese mismo día y puesto bajo arresto domiciliario, Unamuno moriría el 31 de diciembre, a los 72 años. Pero su “venceréis pero no convenceréis” sigue más vigente que nunca en un escenario tan atroz como el de Gaza.