Daños colaterales

Algo más sobre Mujica y la defensa del planeta en su "Revolución tranquila"

El libro de la semana

 

La cumbre de la ONU Río+20, en Río de Janeiro en junio de 2012 no solo fue una cita histórica porque se cumplían dos décadas de la también histórica Cumbre de la Tierra de la ONU (Brasil, 1992), sino porque los líderes mundiales, junto a miles de representantes del sector privado y organizaciones civiles, se unieron para dar forma a la manera en que puede reducir la pobreza, fomentar la igualdad social y garantizar un modelo de desarrollo sostenible, es decir, que no agreda a la naturaleza y pueda responder a la vez a las necesidades de un planeta cada vez más poblado.

La agenda giró en torno de dos ejes: cómo construir una economía ecológica  en pro de un desarrollo sostenible y que saque a la gente de la pobreza, y cómo mejorar la coordinación internacional para dicho desarrollo.

Fue en esa cumbre donde el entonces presidente de Uruguay, José Mujica (2010-2015), un pragmático ex guerrillero hoy de 80 años, se destacó por el diagnóstico que hizo sobre la crisis ecológica que vive la humanidad —en la misma línea y el tono, por cierto, al utilizados por el papa argentino Francisco en su flamante encíclica Laudato si. Sobre el cuidado de la casa común presentada este jueves en el Vaticano.

Para el hoy senador Mujica, “no venimos al planeta para desarrollarnos solamente, así, en general. Venimos al planeta para ser felices. Porque la vida es corta y se nos va. Y ningún bien vale como la vida y esto es lo elemental. (...) Pero el hiperconsumo está agrediendo al planeta (y) la causa es el modelo de civilización que hemos montado. El desarrollo no puede ser en contra de la felicidad. Tiene que ser a favor de la felicidad humana; del amor encima de la Tierra, de las relaciones humanas, del cuidado a los hijos, de tener amigos, de tener lo elemental”.

Su discurso, contenido en el libro José Mujica. La revolución tranquila del periodista uruguayo Mauricio Rabuffetti (Aguilar, México 2015) impactó a no pocos y el presidente –que también sorprendería al mundo por su forma de vida austera y su ley sobre el cannabis, la única que da al Estado la potestad de controlar la distribución de la mariguana entre los consumidores– volvería a hablar sobre el tema con mucha mayor profundidad, en septiembre de 2013 ante la Asamblea General de la ONU.

De nueva cuenta, es importante resaltar la concordancia de planteamientos entre  la postura de Mujica y la encíclica Laudato si (Alabado Seas) de Francisco, en especial de cara a la importante cumbre de la ONU sobre el clima en diciembre próximo en París; cita frente a la cual va dirigido el documento del Papa.

Dice Mujica: “Creemos que el mundo requiere a gritos reglas globales. (...) ¿Cómo convergen las monedas? ¿Cómo se financia la lucha global por el agua? Y contra los desiertos. ¿Cómo se recicla y se presiona contra el calentamiento global. (...) Sería imperioso lograr consensos planetarios para desatar solidaridad hacia los más oprimidos, castigar impositivamente el despilfarro y la especulación, movilizar las grandes economías no para crear descartables con obsolescencias calculadas, sino bienes útiles sin frivolidades, para ayudar a levantar a los más pobres del mundo. Bienes útiles contra la pobreza mundial”.

Añade que “esta globalización (...) significa un cambio cultural brutal. Es lo que nos está requiriendo la historia. Toda la base material ha cambiado y se ha tambaleado. (...) Los hombres con nuestra cultura permanecemos como si no hubiera pasado nada. Y en lugar de gobernar la globalización, esta nos gobierna a nosotros. (...) Este es nuestro dilema. No nos entretengamos solo remendando consecuencias. Pensemos en las causas de fondo, en la civilización del despilfarro, en la civilización del use y tire, que lo que se está tirando es tiempo de vida humana malgastado, derrochado (en) cuestiones inútiles. Piensen que la vida humana es un milagro, que estamos vivos por milagro y nada vale más que la vida”.