Daños colaterales

Medio siglo después, "Matar a un ruiseñor" sigue vigente en EU

El libro de la semana

En medio de la polémica sobre la también exitosa segunda novela de la escritora estadunidense Harper Lee (Alabama, 1926), Go set a Watchman, que según la prensa hasta la semana pasada era número uno en ventas en Amazon.com a cinco meses de su lanzamiento, la colección Grandes Novelas de Ediciones B reeditó su primer escrito —y el único hasta el año pasado— de hace más de medio siglo, Matar a un ruiseñor (To Kill a Mockingbird, HarperCollins 1960), por el cual Lee ganó el Premio Pulitzer un año después. El libro pronto se convirtió en un clásico de la literatura moderna de EU, luego del cual la mujer blanca de entonces 44 años, originaria de Monroeville, la misma cuna de su amigo Truman Capote, optó por las sombras. En 1962, Matar a un ruiseñor fue llevada a la pantalla por el director Robert Mulligan y obtuvo dos Oscar: a mejor guión adaptado (Horton Foote) y a mejor actor, con Gregory Peck en el papel del abogado Atticus, el padre de la protagonista, Jean Louis Finck, quien evoca la atrevida decisión de su padre de defender en la corte a Tom Robinson, un hombre negro acusado de violar a Mayella Ewell, una joven blanca.

La novela —inspirada en un hecho real— transcurre en 1936, durante la Gran Depresión y en una Alabama dominada por los prejuicios raciales, con un sistema judicial con escasas garantías para la población negra y demás minorías.

Fue precisamente en Alabama donde, cinco años antes de la publicación de To Kill a Mockingbird, la activista de derechos civiles Rosa Louise Park se negó a cederle el asiento en un autobús a un pasajero blanco, por lo que fue encarcelada; lo que derivó en un efectivo boicot de la población negra del servicio público de transporte y, finalmente, en la prohibición por la Corte Suprema de EU de la segregación racial en los autobuses. El pastor bautista Martin Luther King fue quien condujo las protestas en Montgomery, capital de Alabama, uno de los estados más racistas de la Unión Americana junto con sus vecinos Mississippi y Tennessee, los cuales se disputan ser la cuna del KKK, la organización supremacista blanca Ku Klux Klan (“el círculo”), posiblemente la más racista, antisemita y xenófoba de las muchas organizaciones de ese tipo en EU.

Precisamente fue en Memphis, Tennessee, donde en 1968 Martin Luther King sería asesinado y el eco de su más célebre discurso, conocido popularmente como “I Have a Dream”, aún sigue resonando en obras como la de Harper Lee o en la nueva oleada de protestas antirracistas en EU, sacudido desde 2014 por denuncias en diversos estados, entre ellos Missouri, vecino de Tennessee, donde en agosto el joven negro Michael Brown fue muerto a tiros por un policía blanco, exonerado finalmente por un juzgado de mayoría blanca que no encontró razones suficientes para culpar al agente.

En Matar a un ruiseñor, cuando la fiscalía intenta convencer al jurado de la culpabilidad de Tom Robinson, aun sin tener la menor prueba de su delito, Atticus interpone una apasionada defensa; anticipándose Harper Lee en tres años al discurso de Martin Luther King cuando en agosto de 1963 dijo que “no habrá ni descanso ni tranquilidad en Estados Unidos hasta que el negro tenga garantizados sus derechos de ciudadano”.

Dice Atticus: “Sabemos que no todos los hombres son creados iguales en el sentido que algunas personas querrían hacernos creer; unos son más listos que otros, unos tienen mayores oportunidades porque les vienen de nacimiento, unos hombres ganan más dinero que otros, unas mujeres guisan mejor que otras; (...) Pero hay una cosa en este país ante la cual todos los hombres son iguales; hay una institución humana que hace a un pobre el igual de Rockefeller, a un estúpido el igual de un Einstein, y a un ignorante el igual de un director de colegio. Esta institución, caballeros, es un tribunal”.