Daños colaterales

Mandela y el "selfie" danés de Obama

No solo la lluvia, molesta y pertinaz sobre el célebre estadio Soccer City, de Soweto, que ahuyentó a la mitad de la gente o los razonables abucheos populares al presidente Jacob Zuma —que sigue enfrentando acusaciones de corrupción— eclipsaron el martes la ceremonia en homenaje a Mandela, que el domingo será enterrado en su natal Qunu.

También la nórdica soltura de la primera ministra de Dinamarca, Helle Thorning-Schmidt ante Obama, captados primero por el fotógrafo de la agencia AFP, Roberto Schmidt en una secuencia memorable, cuando ambos, junto a su par británico David Cameron se toman una foto con el celular de ella, sosteniendo Obama el aparato y dejando fuera nada menos que a su mismísima Michelle —sentada a su izquierda y con un semblante cada vez más rígido y virulento, lo opuesto a la gran sonrisa de los autorretratados— restó seriedad a la jornada o al menos desvió la atención.

La propia prensa fue criticada por haber “banalizado” la ceremonia con los tres líderes en pleno selfie —el ya célebre self-portrait, la nueva moda de la cultura digital que consiste en autorretratarse con el celular, con o sin ropas, y colgar la imagen en las redes sociales—, el fotógrafo Roberto Schmidt devolvió el ataque: “Probablemente esta foto no hubiera tenido tanta importancia si nosotros, como medios de comunicación, pudiésemos acceder a los dirigentes y mostrar que son seres humanos como los demás”, adujo luego de que su secuencia fuera portada en casi toda la prensa británica y en EU la página web Buzzfeed se preguntara si la improvisada sesión de fotos sería el mejor selfie de 2013.

Los gobiernos aludidos omitieron cualquier comentario, pero sí hablaron Cameron y Thorning-Schmidt sobre lo sucedido en la tierra que abolió el apartheid. Ante la Cámara de los Comunes, Cameron minimizó el hecho: “Mandela cumplió un papel extraordinario en su vida y en su muerte para reunir a la gente”, y Thorning-Schmidt dijo al diario Berlingske que “no era algo fuera de lugar, hubo un montón de fotos ese día. (...) Había evidentemente tristeza, pero en el fondo era un acontecimiento festivo en el que se celebraba a un hombre que vivió 95 años y realizó muchas cosas en su vida. Eso muestra que cuando nos encontramos entre jefes de Estado y de gobierno somos simplemente gente que se divierte junta”. Una frase que de seguro no podrá compartir la segregada Michelle.