Daños colaterales

Mandela pudo con el racismo, pero no con las desigualdades

En un chat ayer, al calor de la muerte en Johannesburgo del líder antirracial y anticoloniasta sudafricano Nelson Mandela, el corresponsal de Le Monde en Pretoria, Jean-Philippe Rémy, respondió preguntas enfocadas al país que deja quien fuera durante 18 años —de 27 que estuvo en prisión— el famoso “preso 46664” en la isla-cárcel de Robben Island.

Desde el anuncio de su muerte, pasada la medianoche local por el actual presidente Jacob Zuma, también del Congreso Nacional Africano (CNA) —el partido al que adhirió desde joven Mandela, llegando a dirigir su ala armada y también la juvenil— el ambiente en el país es de “gran emoción”, reporta Rémy, para quien Mandela sigue desatando sentimientos muy fuertes” en la República de Sudáfrica —un país con más de 1.2 millones de km2, casi 53 millones de habitantes de los cuales 80% son negros y 11 lenguas oficiales. Y pese a que la economía es la primera de África y concentra casi 25% del PIB del continente, con énfasis en la minería, el país figura entre los primeros en el mundo en términos de desigualdad social, con un cuarto de su población desempleada.

Ante los rumores que circulan desde hace años en medios de la extrema derecha supremacista de que al morir Mandela sobrevendrá en el país el “asesinato masivo de blancos” (9% de la población total), Rémy los descarta por ser “completamente delirantes”. En parte, dice, los miedos son alimentados por el sentimiento, aún presente en un sector de la población blanca, de que “los oprimidos del querrán vengarse un día. Es un fantasma. Pero una cosa es cierta, los funerales de Mandela van a movilizar a millones de sudafricanos. Esto es lo más destacable”.

Sobre sus exequias, Rémy detalló que desde hace varios años han habido distintos planes que no se han hecho públicos naturalmente por respeto a Mandela y su familia. Pero, entre los preparativos llegó a considerarse “que sus restos recorrieran toda Sudáfrica. Demasiado largo y demasiado complicado, el proyecto parece que fue abandonado”. En teoría, una capilla ardiente será instalada en Pretoria (capital administrativa) y la gente podrá llegar a rendirle su último homenaje, junto a decenas de jefes de Estado y periodistas de todo el mundo.

Para Rémy, es muy difícil que Zuma pueda sacar provecho de la muerte de Mandela en lo político, sobre todo por la estatura particular del fundador de la “nación del arco iris”, si bien Mandela “siempre buscó la manera de beneficiar con su aura a los responsables del CNA, incluyendo a Zuma”.

¿Podrá sobrevivirle a Mandela su herencia de reconciliación? “Mandela fue un símbolo genial y cómodo que permitió a Sudáfrica amarse como nación y hacerse amar por el mundo. Las tensiones raciales han sido exageradas a menudo en los últimos años por sectores extremistas, pero en realidad el pos Mandela ya comenzó, el mito de ‘la nación arcoíris’ sirvió de trampolín para pasar a otra cosa. Y esa otra cosa o es lo que se va a poner de relieve ahora, cuando el primer problema del país son las desigualdades sociales que figuran entre las peores del planeta”.

Añadió Rémy que el CNA es un partido muy fuerte, una “nave sólida” y que los comicios de 2014 servirán para dar respuestas a nuevos interrogantes.

“Hoy, le toca al CNA encontrar sus propios recursos para mejorar la suerte de millones dejados fuera de ese milagro forzosamente frágil” que ha sido el  postapartheid, opina Rémy. Porque aun cuando existan también “blancos pobres y negros ricos”, sigue habiendo en Sudáfrica “un resentimiento muy fuerte de los más pobres” lo que podría llevar al CNA “en un futuro, a cuestionar algunos de los  términos del pacto definido al término del apartheid que, en efecto, concedió el control de una gran parte de la economía a los blancos”.