Daños colaterales

El islam de Mahoma: libertad de conciencia y tolerancia recíproca

El libro de la semana

Los expertos en el islam afirman que desde que inició su prédica en la ciudad natal de La Meca (Makkah al Mukarramah, hoy Arabia Saudí), pero más aun cuando debió huir hacia el norte, a la vecina Medina para salvar su vida, el tema rector que inspiró la acción del profeta Mahoma (o Mohamed), nacido hacia el año 562 y fallecido en 632, fue la tolerancia.

Desde el principio, recuerda el doctor Muhammad Hamidullah (Hiderabad, India británica 1908-EU 2002), uno de los eruditos más prominentes en materia del islam, esta religión no fue tribal, ni racial, ni árabe sino universal pese a la hostilidad que la tribu de Mahoma resintió de parte de las demás tribus de La Meca, una veintena, que consideraban su credo “una herejía”.

Ya en Medina, cuya población no sobrepasaba entonces los 10 mil habitantes pero solo algunas centenas eran musulmanes, Mahoma, junto a medio millar de sus seguidores, se plantea la creación de un Estado.

“Hasta entonces, en Medina, no había existido jamás un Estado, (…) el Profeta invitó a los representantes de todos los sectores que componían la población de Medina, musulmanes y no musulmanes, judíos, cristianos, idólatras, etc., y les demostró que la defensa de las tribus ante la invasión de extranjeros resultaba difícil. (…) Todos aceptaron la creación de una Ciudad-Estado de la que el Profeta del islam, hombre sabio y generoso que la había concebido, se convertiría en jefe”, narra Hamidullah en su conferencia magistral “La tolerancia en la obra del Profeta en Medina”, que es parte del libro El Islam, la filosofía y las ciencias (177 pp.) publicado por la Unesco en 1981 para celebrar el comienzo del siglo XV de la Hégira, en árabe hiyra, referida a la emigración (no huida) de Mahoma a Medina, el 16 de julio del 622 de nuestra era y que para los islamistas marca el primer año de su calendario, según determinó en el 639 el califa Umar.

Prosigue Hamidullah, académico de renombre, prolífico autor y vasto políglota a propósito de Mahoma y la tolerancia —cuando catorce siglos después asistimos en nombre del islam a los peores actos de barbarie en Siria y en Irak, lugar del cuarto y último califato ortodoxo (Alí, 656-661) reconocido como tal por los musulmanes tras la muerte de Mahoma, luego de lo cual un cisma de tipo sucesorio enfrentó hasta hoy a las corrientes en que se dividió el islamismo: sunitas, chiitas y jariyíes—: “El Profeta era un iletrado y resulta extraordinario pensar que la primera constitución de Estado escrita y promulgada por un jefe de Estado, emana de este iletrado. Ni los romanos, ni los griegos, ni los indios, ni los chinos de la antigüedad, ningún pueblo en ninguna región pensó nunca en promulgar por escrito una ley constitucional de un Estado. Leyes hubo: el código de Hammurabi, por ejemplo”, uno de los primeros códigos de leyes escritas de la Historia, atribuido al sexto rey de Babilonia (1792-1750 a.C.), que hizo inscribir las disposiciones en una estela de piedra de más de dos metros de altura.

La constitución de Medina comprende 52 cláusulas relativas a todas las necesidades del Estado. El texto declara, afirma el doctor Hamidullah, que “por cada comunidad existirá la libertad de conciencia y la tolerancia recíproca, los judíos tienen su religión, los musulmanes la suya, etc. Tolerancia recíproca y, sobre todo, lo que esto involucra, es decir que cada cual es libre no solo en lo que atañe a los dogmas y la práctica del culto sino igualmente libre de obedecer las leyes de la comunidad a la que pertenece; los judíos son juzgados por la ley judía, los cristianos por la ley cristiana, etc.”

La segunda sura (o capítulo) Al-Baqara del Corán, libro sagrado del islam compuesto por 114 suras, es considerada muy instructiva, no solo porque fue la primera revelada al Profeta en Medina sino porque contiene la enunciación de la célebre regla islámica de tolerancia religiosa la-ikraha Fid-din (sura II, versículo 256), que quiere decir “ninguna imposición en materia de religión”.

Así, añade Hamidullah, en la época de Mahoma, “nunca hubo para los ciudadanos del Estado islámico ningún problema en lo que atañe a la aceptación de los no musulmanes. No se exigía ser musulmán para ser ciudadano del Estado. Por el contrario, se aceptaban todas las religiones, tanto las de índole revelada, como la cristiana y la judía, como las idólatras. Todos eran admitidos como ciudadanos, con la única condición de guardar lealtad al Estado, condición ésta sine qua non, inclusive para los musulmanes”.

El cometido del islam, cuyo credo no se limitaba a Mahoma ni al Corán, el cual cita los nombres de veinte profetas (sura VI, versículo 90), entre ellos Jesús, “no era —dice Hamidullah— dominar y explotar a los individuos y los pueblos sino crear una atmósfera de paz para toda la humanidad. Mostraba el camino a las épocas posteriores y no obstante, hoy, no hemos llegado al nivel de las reglas enunciadas por el Corán hace ya catorce siglos”.