Daños colaterales

Israel: el cinismo del ministro Moshe Yaalón ya no sorprende

Los palestinos tendrán autonomía política, no un Estado. (…) Tenemos que liberarnos de la concepción de que todo va a entrar en el marco de un Estado. (…)No es status quo, es la creación de un modus vivendi tolerable que sirva a nuestros intereses”. Así lo señaló el ministro de Defensa de Israel, Moshe Yaalón, en entrevista con el diario Israel Hayom, reproducida el jueves por Aurora, el portal de noticias israelí en español editado en Jerusalén (www.aurora-israel.co.il).

“No estoy procurando una solución, estoy buscando una forma de gestionar el conflicto”, añadió Yaalón. En Cisjordania, “voy a alentar y fortalecer la gobernabilidad, la economía y la capacidad de los ciudadanos para que vivan con dignidad”, aunque Israel mantendrá el control aéreo de toda la tierra que los palestinos consigan” ahí.

Para Yaalón, los acuerdos de Oslo de 1993-94 entre Isaac Rabin y Yaser Arafat, que prometieron a los palestinos un Estado soberano e independiente, con capital en Jerusalén Oriental, fue solo “un atajo” y añadió que los palestinos “no están ocupados en la creación de un Estado, sino con destruir el nuestro”.

Al igual que el general laborista (re) Yosef Castel, a quien entrevistamos en México en 1982 tras permanecer casi un mes en Israel, en vísperas de la invasión a Líbano para expulsar de ahí a Arafat y la OLP (Organización para la Liberación de Palestina), Yaalón niega a los casi cuatro millones de palestinos de Cisjordania, Gaza y Jerusalén Oriental el derecho de tener un Estado propio y desde la guerra de los Seis Días (1967), cuando Israel ocupó Cisjordania y anexó ilegalmente Jerusalén Oriental, más de 500 mil israelíes residen en unas 120 colonias ilegales (Haaretz).

Pero la “judaización” de Jerusalén Oriental no solo no se ha detenido sino que prosigue con fuerza, como parte de la estrategia del establishment político-militar israelí de expulsar de sus tierras a los palestinos. Una estrategia que está en la base de la creación del Estado laico de Israel (1949), que de ninguna manera es “sinónimo” del pueblo judío ni de su milenaria religión de paz, como tampoco lo son sus líderes, en su mayoría vorazmente anexionistas.  Según el abogado israelí Daniel Seideman, experto en Jerusalén, la etapa actual de la colonización de Jerusalén Oriental “contiene las semillas de la ‘hebronización’”, en alusión a la ciudad cisjordana de Hebrón, donde un puñado de colonos fuertemente ideologizados viven bajo protección militar, lo cual “transformará un conflicto político, que puede ser resuelto, en uno religioso, que no podrá ser resuelto”.

Seideman se refiere al barrio árabe de Silwn, en una empinada colina de Ciudad Vieja, donde en las últimas semanas los enfrentamientos entre palestinos y policías han dejado decenas de heridos y de detenidos, mientras israelíes recién mudados –de la Fundación Ciudad de David– se hacen proteger en sus edificios por guardias armados, quienes protegen y acompañan a los colonos “cuando salen al exterior” (Palestina Libre.org, Comité Democrático Palestino, Chile, http://palestinalibre.org).    

Con estas nuevas colonias –condenadas tanto por la ONU como por EU– el establishment israelí busca crear más “cabezas de playa”, como hizo en la hoy desmembrada Cisjordania, a fin de obstaculizar la futura división de la ciudad e impedir que se constituya en la capital palestina.

Una estrategia, insistimos, que no se relaciona con los ataques de Hamás a Israel –en rechazo, finalmente, a la ocupación de tierras desde 1949–, ya que cuando hablamos con el general Castel, en una amplia entrevista (unomásuno/página uno, 11-07-1982, pp. 7-8), el combate era contra “la OLP, que quiere liquidar al Estado judío, (…). Nosotros tenemos un Estado que es Israel, donde están nuestras casas. Tenemos una bandera, (…). No se puede comparar a los palestinos con el pueblo judío. Israel es un solo, los árabes son muchos. Los palestinos tiene el lujo de poder elegir donde vivir: Jordania, Siria, Líbano, Irak, es todo lo mismo. ¿Por qué no se van a vivir a Jordania, hacen allí su Estado, y nos dejan a nosotros aquí? ¿Es que acaso no merecemos un país?”.

Cuando le recordamos a Castel que los palestinos también tenían derecho a uno, soberano e independiente, como se acordó en 1948 con la ONU como garante, respondió: “Sí, sí, pero no podemos permitir un Estado palestino, (…) estamos dispuesto a que ellos inicien un proceso de autonomía, que si bien no es una independencia regular, es más independencia de la que tienen hoy”.

De esta conversación han transcurrido ya… 32 años.