Daños colaterales

Israel: "Tierra del fuego", "Istor" y el cine

El libro de la semana

 

En abril asistimos a la Feria del Libro de Buenos Aires, que, como capital del teatro en Sudamérica, también preparó para propios y visitantes una agenda rica en ofertas, entre ellas la obra Tierra del fuego (2011), del dramaturgo, periodista y guionista argentino, Mario Diament (1942), quien reside en Miami, autor de la novela Martín Eidán, de las obras El libro de Ruth, Tango perdido y Cita a ciegas, entre otras, además del guión del filme ¿Qué es el otoño? de David Kohon, con el recientemente fallecido primer actor argentino Alfredo Alcón (1930-2014).

En Tierra del fuego, enfocado al conflicto israelo-palestino (o árabe-israelí) y cuyo libro también estuvo a la venta en la Feria (Ed. Continente), Diament usa una parábola para, desde el drama personal y social de los personajes acercarse a las partes e intentar cortar la “perversa relación de mutuas víctimas y victimarios”.

Basada en un hecho real, Tierra… busca facilitar un espacio de debate para que el público examine un conflicto que lleva más de seis décadas; siendo, además, Argentina el país con la mayor comunidad judía fuera de Israel después de EU.

Tierra del fuego entrecruza las vidas de una azafata israelí que muere y otra que es herida (Yael) en un atentado en Londres, por dos palestinos. Uno de ellos también muere y el otro (Hasán) es capturado y condenado a prisión perpetua. Veinte años después, Yael busca en la cárcel a Hasán para preguntarle por qué lo hizo.

Diament dice en su Epílogo (actualizado en 2013), que los personajes expresan su verdad, con un “equilibrio entre los alegatos”. Y si bien de ese “concierto de verdades” difícilmente pueda prevalecer una verdad única, como dice Yael a Hasán “creo que si seguimos hablando, alguna vez vamos a entendernos. Pero si seguimos matándonos, no va a quedar nadie para escuchar”.

La mención de la obra viene a colación ante el relevo del Nobel de la Paz israelí y presidente Shimon Peres, de 90 años, partidario de la paz con los palestinos, por el legislador de ultraderecha, Reuven Rivlin, aún más radical que el actual premier Benjamin Netanyahu en su defensa del Gran Israel, proyecto que anula de cuajo la posibilidad de fundar un Estado palestino que conviva junto al de Israel, mutuamente reconocidos.

La obra también se enlaza con el último número de la revista mexicana Istor, del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE), cuyo número 55 está dedicado a Israel. Una historia actual. El volumen ofrece en más de 200 páginas un enfoque actualizado del conflicto y, como afirma Jean Meyer en la presentación, se trata de “una invitación al diálogo, la discusión y la reflexión” con la mirada puesta hacia el futuro “difícilmente previsible”.

Uno de los artículos, “El conflicto israelí-palestino en el cine”, se liga a su vez con Tierra… ya que su autor, Pablo Utín, identifica desde 1930 a la fecha cuatro modos cronológicos de entender la crisis desde el arte, a saber: la de los pioneros , el modo heroico, el humanista y el unilateralista. Tierra… encaja sin duda en el tercer modo, que, al igual que el resto, corresponde a un determinado momento histórico, con su respectiva percepción por los israelíes.

Filmes como Zona libre (Amos Gitai, 2005), Solos contra el mundo (Eithan Fuchs, 2006) o El limonero (Eran Riklis, 2008), comparten este modo que propone hacer a un lado las diferencias políticas, y descubrir la “conexión humana” y el “diálogo posible entre los enemigos con base en valores universales”. Pero este modo, añade Utín, evade la raíz del conflicto, “que son los reclamos político-nacionales” de cada parte, “y por ahí debe llegar la solución y el reconocimiento. La deshumanización es un síntoma de este conflicto y por tanto debe solucionarse junto con él, pero no es su razón”.

Sobre el modo actual, el unilateralista, que inicia en el año 2000 con el quiebre del proceso de paz, Utín identifica los rasgos de esta nueva tendencia —en el cine y en la realidad, como evidencia la elección de Rivlin: “los personajes judíos e israelíes se separan” ya que “no ya socio” para el diálogo; de ahí que “la sociedad israelí deba tomar decisiones unilaterales”; “prevalece la deshumanización del enemigo” y “hay una incapacidad de reconocer al otro como posible socio para llegar a acuerdos”.

El último elemento que anota Utín, citando a otros autores, es: “predominan las acciones militares violentas”. Pero aún no hemos llegado (o vuelto) a esto…