Daños colaterales

"¡Indígnate!", llamó Stéphane Hessel a la juventud y ella se indignó

El libro de la semana

 

La historia ha demostrado que no son necesarias demasiadas páginas para revolucionar el mundo de la política o la cultura. En tan solo 23 cuartillas, el folleto del Manifiesto del Partido Comunista, publicado a principios de 1848 por Carlos Marx y Federico Engels, fue el primer documento programático de los fundamentos del marxismo. Como afirma el célebre historiador marxista Eric Hobsbawm (1917-2012) en su introducción a una de las tantas reediciones del manifiesto, este fue “el texto político más influyente desde la Declaración de los derechos humanos y ciudadanos de la Revolución francesa de 1789”. El panfleto “conquistó el mundo”, añade Hobsbawm, y tuvo gran influencia en Europa central, de Francia a Rusia, donde acompañó la Revolución de Octubre de 1917; muchas universidades lo incluyeron como texto obligado de ciencia política, incluso en Gran Bretaña y, tras la II Guerra Mundial, volvió a cobrar bríos como un “clásico político”, cuando en todo el mundo “el marxismo de los lectores intelectuales iba a encontrarse con su público más entusiasta en las décadas de 1960 y 1970”.

Más recientemente, también las 32 páginas del libelo Indignez-vous!(¡Indígnate!), publicado a finales de 2010 en París por el diplomático judío-germano-francés, escritor y activista político, Stéphane Hessel, sobreviviente de los campos de concentración nazi, lograron movilizar a una nueva generación de jóvenes europeos, en particular en España —si bien originalmente su panfleto iba dirigido a los nuevos votantes de Francia ante las legislativas europeas. Seis décadas atrás, Hessel había participado como diplomático en la redacción para la ONU de la Declaración Universal de los Derechos Humanos y al morir el 23 de febrero de 2013, con 95 años, lo hizo con la satisfacción de haber sacudido los empolvados y corruptos cimientos del  viejo continente.

Inspirados en su breve escrito a modo de testamento político, millares de jóvenes españoles salieron a las calles de todo el país el 15 de mayo de 2011, enrolados en las banderas del Movimiento de indignados 15M para exigir una democracia real y contra la corrupción, la desigualdad y por una cultura ecológica en la cual la prioridad sea la preservación de la naturaleza. Y aunque los líderes del nuevo partido español Podemos —que de enero anterior a estas fechas se ha convertido en la cuarta fuerza política de España— han aclarado que no se consideran herederos del fenómeno del 15-M, sí lograron capitalizar con éxito el malestar de un sector de la sociedad española, pese a que analistas y prensa internacionales le habían pronosticado al 15-M una vida corta y estéril.

Como afirma Íñigo Errejón, director de campaña de Podemos, que sí aspira a la toma del poder, “estuvimos en el 15-M y aprendimos mucho en las asambleas. El 15-M abrió la puerta para romper el secuestro de la política por parte de la casta. Sin este movimiento, Podemos no hubiese sido posible. Fue una ventana de oportunidad para los ciudadanos”.

En su libelo (www.amazon.fr/Indignez-vous), traducido de inmediato a decenas de idiomas con millones de ejemplares, Hessel, entonces de 93 años, evoca sus años de militante bajo la Francia ocupada por las tropas de Hitler y afirma que los principios y valores contenidos en el programa del general Charles de Gaulle como ideario del entonces Consejo Nacional de la Resistencia no han perdido vigencia.

Al contrario, dice, ellos nos obligan “a velar todos juntos para que nuestra sociedad [se refiere a la francesa] siga siendo una donde nos sintamos orgullosos: no esta sociedad de los sinpapeles, de las expulsiones, de las sospechas con respecto a los inmigrantes, no esta sociedad donde se cuestionan las pensiones, los fondos de la seguridad social, no esta sociedad donde los medios están entre las manos de los que tienen, tantas cosas que habríamos rehusado respaldar si hubiéramos sido los verdaderos herederos del Consejo Nacional de la Resistencia”.

“El interés general debe primar sobre el interés particular —añade Hessel—; el justo reparto de las riquezas creadas por el mundo del trabajo debe primar sobre el poder del dinero. (…) Y si bien vivimos en una interconectividad como nunca hasta ahora ha existido, en este mundo hay cosas insoportables”.

De ahí su mensaje a los jóvenes: “La peor de las actitudes es la indiferencia, decir ‘yo no puedo hacer nada, qué estoy haciendo. Al comportarse así, pierden uno de los componentes esenciales que hace al ser humano. Uno de los componentes indispensables: la facultad de indignación y el compromiso que esto conlleva”.