Daños colaterales

Génova y los "anarcoporros" del G8

Del 19 al 22 de julio de 2001 —cuando las Torres Gemelas del WTC estaban aún en pie, aunque no por mucho tiempo más— cubrimos para MILENIO la cumbre del Grupo de los Ocho (G8) en Génova y la llamada Contracumbre, que bajo el lema “Otro mundo es posible” reunió en el mítico puerto italiano a millares de personas de unas 700 asociaciones de todo el mundo nucleadas en el Foro Social Mundial (FSM), incluyendo delegaciones campesinas, obreras, de profesionales, parlamentarios, etc. Las supuestas amenazas de que Osama bin Laden planeaba atentar contra George W. Bush ayudaron a crear un clima de máxima tensión. El premier y anfitrión Silvio Berlusconi ordenó el blindaje de la ciudad y hasta 16 mil policías y militares coparon la crispada cuna de Cristóbal Colón.

Con los años, el Estado italiano se enfrentaría a cientos de sentencias por la brutalidad descargada contra los manifestantes, en su gran mayoría pacíficos, víctimas de abusos, detenciones arbitrarias, ultrajes y tortura. El objetivo: acabar de una vez por todas con las marchas de los mal llamados “globalifóbicos”, que desde la cumbre de Seattle (1999) cuestionaban en la calle al neoliberalismo salvaje. Y si bien en el FSM no faltaron los grupos anarquistas, una supuesta rama de ellos, los encapuchados hombres de negro y gruesas cadenas del Black Bloc, dio pie, también en Génova, con sus tácticas de provocación a la represión de los caribinieri aquel sábado 21 de julio, cuando entre 250 mil y 300 mil personas marchaban a lo largo de la costanera en protesta por la muerte, la víspera, del italiano Marco Giuliani, aplastado por un tanque.

La prensa internacional y miles de testigos pudimos dar fe de que durante el G8 los anarcoporros del Black Bloc actuaron sin ser molestados por la policía; menos aún durante la multitudinaria marcha del 21, cuando además los celulares debutaron como el mejor medio de comunicación familiar. Y es que mientras ocurría la interminable golpiza y persecución por las laberínticas calles del puerto, y helicópteros artillados lanzaban gas lacrimógeno y gas pimienta, el masivo “escarmiento” era transmitido en vivo y directo por la tv de Berlusconi; asistiendo, impotentes, los padres desde sus casas a la desmedida violencia contra sus inermes y desprevenidos hijos.