Daños colaterales

Galeano y las venas ociosas de la Corona

En su bestseller de 1971, Las venas abiertas de América Latina, el escritor uruguayo Eduardo Galeano (1940) ofrece una historia del saqueo de América Latina y resume en 400 páginas el funcionamiento de los mecanismos del despojo desde los conquistadores españoles en carabela a los tecnócratas en jet; Hernán Cortés devenido en los infantes de marina; las misiones del FMI como sucedáneas de los corregidores de la monarquía... Un panorama sobre las raíces del “hambre americana” vistas desde una perspectiva nacionalista, que un cuarto de siglo más tarde, en el clímax del neoliberalismo, tuvo su antítesis en el Manual del perfecto idiota latinoamericano (España, 1996). Una guía de la derecha liberal radical encarnada desde Madrid por Álvaro Vargas Llosa (1966), Carlos Alberto Montaner (1943) y Plinio Apuleyo Mendoza (1932, el viejo amigo, por supuesto, de Gabriel García Márquez pese a sus diferencias políticas).

Con prólogo de Mario Vargas Llosa (1936), el Manual… satiriza el enfoque de Galeano —uno de los grandes idiotas de la región junto a un abanico intelectuales y gobernantes afines, según los autores— y propone redireccionar nuestra la historia adhiriendo al liberalismo económico y político. Contra el libro se pronunció, entre otros,  el sociólogo argentino, Atilio Borón (1943), quien lo consideró “un catálogo de trivialidades, mentiras y falacias sobre las causas del subdesarrollo (en AL). Un engendro (…) que demuestra irrefutablemente que la derecha es incapaz de producir ideas y que su discurso no logra trascender el plano de las ocurrencias, el grado más elemental y primario de la intelección”.

Volviendo a Las venas abiertas… y a propósito de la adelantada abdicación de Juan Carlos de Borbón en su hijo, el próximo Felipe VI, ante el creciente deterioro de la imagen de la monarquía por las andanzas y tropelías del rey y el escándalo financiero que  involucra a su hija Cristina y su yerno, Iñaqui Undargarin, entre otras muchas críticas, Galeano ilustra cómo España se convirtió desde la época de la conquista y colonización en el pariente pobre de la próspera Europa en los siglos XV y XVI, pese a controlar casi el saqueo de los metales que hicieron posible, casi, el desarrollo del Viejo Mundo.

En “España tenía la vaca, pero otros tomaban la leche” —en el primer capítulo “Fiebre del oro, fiebre de la plata”—, Galeano enumera la concatenación de hechos y de obstáculos que se opusieron al progreso industrial de España, más ocupada en “satisfacer el ansia de ostentación y las exigencias de consumo de los ricos parásitos cada vez más poderosos y numerosos en un país cada vez más pobre”; mientras en Inglaterra, por ejemplo, Isabel I prohibía en su ascendente reino la salida del oro y de la plata y monopolizaban las letras de cambio.

A la par, los capitalistas españoles se convertían en rentistas, comprando títulos de deuda de la Corona, en lugar de invertir en el desarrollo industrial; derivando el excedente económico hacia cauces improductivos: “los viejos ricos, señores de horca y cuchillo, dueños de la tierra y de los títulos de nobleza, levantaban palacios y acumulaban joyas: los nuevos ricos, especuladores y mercaderes, compraban tierras y títulos de nobleza. Ni unos ni otros pagan prácticamente impuestos, ni podían ser encarcelados por deudas”.

Los encajes de Lille y de Arraz, las telas holandesas, los tapices de Bruselas y los brocados de Florencia, las armas de Milán y los vinos y lienzos de Francia inundaban el mercado español, a expensas de la producción local. La ruina lo abarcaba todo, con “desocupación crónica, grandes latifundios baldíos, moneda caótica, industria arruinada, tesoros vacíos, la autoridad central desconocida en las provincias…”.  Y esto ya era así desde el siglo XVI…