Daños colaterales

Feminicidio en "Topografías de la violencia/ I"

Alguien dijo, con toda la razón, que el siglo XXI iba a enfrentarse a dos grandes y graves dramas sociales, extendidos hoy por hoy a todo el planeta: el feminicidio, que apareció como una nueva categoría casi innombrable a principios de 1990, y las migraciones masivas por guerras pero también por la crisis ecológica como expresan por ejemplo los miles de africanos llegados hoy al suelo mexicano huyendo de la sequía en sus naciones.

El pasado miércoles —“miércoles negro” como se le llamó— millares de mujeres en más de una docena de países de América y Europa salieron a las calles en históricas y multitudinarias marchas en protesta por el aumento del asesinato de mujeres y la “violencia machista”; una protesta convocada desde Argentina tras el atroz asesinato de la adolescente de 16 años, Lucía Pérez, violada, torturada y empalada en el balneario argentino de Mar del Plata, en el sudeste de la provincia de Buenos Aires.

No es casualidad que México haya sido el primer país en solidarizarse con el paro y movilización convocados en repudio al crimen de Lucía y según Karen Padilla, de la agrupación civil mexicana Iniciativa Feminista, “también aquí sabemos de la violencia machista que asesinó a Lucía. Vivimos en el caldo de cultivo idóneo: discriminación e impunidad”.

De eso trata precisamente el libro Topografíasde las violencias. Alteridades e impasses sociales (El Colegio de la Frontera Norte, Tijuana, pp. 188), coordinado por los doctores Susana Bercovich H. (bercovichsusana@gmail.com) y Salvador Cruz Sierra (scruz@colef.mx), con la participación de otros 11 especialistas en el tema de la violencia social y homicida en sus diferentes formas. Bercovich, con más de 100 artículos publicados sobre cultura, género, psicoanálisis y arte, es profesora en el Colegio de Pedagogía de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM y Cruz Sierra es profesor investigador de El Colegio de la Frontera Norte (Colef), especializado en violencia social y masculinidad, así como en masculinidades juveniles y colectivos culturales juveniles.

En su introducción al libro, ambos expertos se preguntan “cómo entender las violencias de hoy” a propósito de los feminicidios y otras formas de criminalidad nunca vistas como lo acontecido en Ayotzinapa, Guerrero, en septiembre de 2014, cuando “la violencia sádica que parecía exclusiva de Ciudad Juárez o de todo el borde fronterizo del norte, ahora parece no tan ajena a otros contextos geográficos, donde dicha violencia se vuelve parte del paisaje de todos los días”, expandiéndose y diversificándose con graves connotaciones hasta enrarecer la atmósfera nacional.

Para los compiladores, tanto el feminicidio que empieza a denunciarse en Ciudad Juárez a partir de 1993 y, en general, la exacerbación de la narcoviolencia en todo el territorio nacional, la violencia institucional y la violencia política “son producto de las viejas y nuevas desigualdades sociales, que dan cuenta del sentido devastado de la justicia, de la pérdida de sentido de valor de la vida humana de los sectores en mayor desventaja: niños, mujeres, jóvenes, pobres, migrantes, indígenas, usuarios de drogas, disidentes sexogenéricos, etcétera”. Y ello, agregan, “lejos de ser un problema local, nacional o regional, parece ser mundial. Acontecimientos y realidades diversas que nos hacen voltear hacia estas realidades grotescas”.

A raíz de las marchas del “miércoles negro” desde Argentina hasta México, queda claro que la misma impunidad que impera en el primer país está también generalizada en el segundo y el resto de países que se sumaron con indignación a la protesta, con promedios anuales de asesinatos de mujeres que van de 275 en Argentina a 344 solo en el Estado de México en el último año. Al respecto, Bercovich y Cruz Sierra se preguntan “cómo entender la violencia si no es a través de sus formas”, siendo el análisis de estas “formas” el eje central del libro, cuando “la misoginia y el ejercicio recio de tácticas de laceración contra las mujeres” es un elemento determinante en las formas de la violencia que pueden culminar con una muerte profana”.

En el libro participan sociólogos, filósofos, pedagogos, cientistas sociales, comunicólogos y activistas como Eduardo Barrera Herrera, François Dachet, Salvador Díaz Sánchez, Alicia Gaspar de Alba, David Kurnick, Ana María Martínez de la Escalera, Víctor M. Ortiz Aguirre, Luciana Ramos Lira, Carmen Tinajero, Sayak Valencia y José Manuel Valenzuela Arce, que abordan diversos ángulos de la violencia, incluyendo la “Violencia institucional contra las mujeres”, el “sexismo hipster” o el lenguaje de la violencia en la vida cotidiana de México.