Daños colaterales

Edward W. Said y la reedición de "La cuestión palestina"

El libro de la semana

Ensayo emblemático sobre las raíces del enfrentamiento entre los pueblos israelí y palestino, y sus efectos en la vida de los ocupantes, los ocupados y la comunidad internacional, el libro de Edward Said (1935-2003), La cuestión palestina, que acaba de ser reeditado en México (Random House, noviembre 2014, pp.347), es un clásico de lectura obligada, sobre todo para las nuevas generaciones que quieran comprender el meollo de uno de los conflictos más dramáticos —si no el que más— heredado del siglo XX, desde la mirada crítica de un pensador árabe, doctor en Literatura por la Universidad de Harvard y miembro del Consejo Nacional Palestino.

Publicado por primera vez en 1979 y reeditado en 1992, su análisis crítico sirve para entender las razones de la lucha palestina ante la creación, en 1948, del Estado de Israel, en tierras ocupadas mayormente por los árabes.

La presente reedición incluye el Prefacio del profesor Said, Premio Príncipe de Asturias de la Concordia 2002, escrito para la edición de 1992, y en cuatro capítulos y un Epílogo aborda la historia de la ocupación de Palestina; el surgimiento de la conciencia palestina; los fallidos acuerdos de Campo David para llegar a una paz duradera con el poder ocupante; el papel de EU y las realidades palestinas y regionales que han contribuido a la prolongación de una confrontación sangrienta que ha supuesto la muerte, el sometimiento y el exilio forzoso para millares de palestinos.

Said, quien desde los años 1950 optó por fijar su residencia en EU, no olvida a los muertos de la parte israelí pero tampoco su estrategia de colonización de tierras palestinas, que desde fines del siglo XIX los judíos de Europa del Este reivindicaron como suyas desde los tiempos bíblicos.

Said también desentraña los lazos entre el sionismo y el imperialismo europeo,  viendo al sionismo —el regreso a las montes de Sión, en Jerusalén—como otra expresión de la filosofía política imperial “cuyo objetivo y razón de ser es la expansión territorial y su legitimación”, afirma el autor de otros clásicos como Orientalismos; Crónicas palestinas y Representaciones sobre el exilio.

Hace dos décadas, en su citado Prólogo, Said, quien medió ante EU para llegar a los acuerdos de Campo David con Israel, escribió con pasmosa lucidez estas palabras, que lamentablemente mantienen toda su vigencia: “Durante demasiados años, las políticas oficiales de Israel y de EU, de manera completamente distinta de las actitudes del resto del mundo, han dado por supuesto que los palestinos se diluirían en el mundo árabe, que Jordania se convertiría en Palestina, que los palestinos aceptarían un servilismo permanente bajo una ‘autonomía limitada’ tipo bantustán (o, como expresa el partido Likud: una autonomía para la gente, no para la tierra), y que este pueblo hasta podía estar dispuesto a realizar un acto de suicidio político colectivo y declararse nulo y sin efecto”. Pero, añade, “nada que no sea la autodeterminación palestina funcionará; y solo esta logrará apaciguar al ya explosivo Oriente Medio”.

Lástima que el presidente Obama no haya leído a Edward W. Said y que en diciembre echara por tierra cualquier expectativa de incluir a la prolongada guerra en su agenda de acción ejecutiva, junto a las igualmente dilatadas crisis inmigratorias y con Cuba. Porque como advirtió Said, “algunos judíos israelíes y no israelíes han entendido que si israelíes y palestinos pretenden tener un futuro decente, este ha de ser un futuro común, no basado en la anulación de unos por parte de los otros”.