Daños colaterales

Cuba no solo venció a la OEA, también al embargo

Nadie, nunca, podrá resarcir al pueblo cubano de los inconmensurables daños que, en todos los órdenes, le ha causado en las últimas cinco décadas el ilegal e indecente bloqueo económico y comercial de EU, impuesto desde 1962 a la revolución cubana con el propósito de doblegarla.

Pero al menos bien puede sentirse orgullosa esa sociedad, después de tantos sufrimientos y privaciones —incluida la separación de las familias y la restricción de las libertades individuales, sacrificadas según La Habana por el embargo—, cuando la Casa Blanca está reconociendo finalmente, con todas las letras, que “hemos estado abiertos a explorar cambios en nuestra relación (con Cuba) y cambios en una política (estadunidense) que, francamente, no ha tenido éxito a la hora de llevar más libertades a los cubanos”.

Así lo afirmó ayer Ben Rhodes, viceasesor de Seguridad Nacional de la Casa Blanca, cuando anunció en Washington la disposición de su gobierno a dar “pasos pragmáricos” hacia Cuba, al recordar la —discreta— apertura de Barack Obama hacia el gobierno de Raúl Castro; el cual, a su vez, emerge de la segunda Cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac) reposicionado ante todo el hemisferio y también el mundo.

Rhodes condicionó una mayor apertura a la liberación de Alan Gross, un contratista —espía— del Departamento de Estado capturado en la isla en 2009 cuando pretendía abastecer de equipos de comunicación a las disidentes Damas de Blanco.

A cambio de Gross, Cuba tiene para negociar la devolución de varios de sus agentes, encarcelados en 1998 mientras vigilaban a anticastristas en Miami (de lo cual había sido informado EU por el gobierno de La Habana).

Del grupo inicial de cinco espías, uno completó su sentencia en 2011 pero se le permitió regresar a Cuba recién en 2013 y el segundo será liberado el 27 de febrero, según se supo ayer en Miami.

La Cumbre de la Celac —donde, en rigor, solo hubo roces menores entre 33 países— condenó sin fisuras el bloqueo a Cuba; que además se dio el gusto de recibir en su suelo, por primera vez desde 1959, a un jefe de la OEA —el chileno y socialista José Insulza—, tras su expulsión del organismo en 1962, al que nunca regresó, sino que, como en el supuesto milagro obrado por Mahoma ante sus prosélitos y una montaña, fue ésta la terminó cediendo ante la pequeña isla, que hoy tiene además a una hora de La Habana, en Mariel, un megapuerto que la unirá al comercial mundial, en lo que EU —que se ha quedado en Washington sólo con su OEA—, se decide, él también a hacer como Mahoma y acercarse a la montaña.