Daños colaterales

Y Cuba ganó

A principios de este año escribimos en este mismo espacio (“1962-2014: al final, Cube vence a la OEA”, 28-01) que el viaje del jefe de la OEA, el chileno José Inzulza a La Habana, invitado a la cumbre de la Celac, era un “simbólico reconocimiento de la derrota definitiva de la política de Washington”, que en enero de 1962 obligó a la Organización de Estados Americanos —con la única y soberana oposición de México— a expulsar a Cuba del concierto americano. Un año antes, en enero de 1961, John F. Kennedy había roto relaciones con la isla e impuesto un férreo bloqueo en castigo a la revolución de Fidel Castro, que este 1 de enero podrá festejar el 55 aniversario del triunfo con la satisfacción de haber ganado la larga y tortuosa pulseada a EU.

Vale la pena leer íntegro el texto del sorpresivo discurso de 15 minutos que Obama pronunció ayer desde la Casa Blanca para anunciar el fin de la enemistad con Cuba. Algo que  sorprendió por igual a cubanos y norteamericanos, ignorantes de que desde hacía 18 meses las partes negociaban en Canadá, con la mediación de Otawa y del papa argentino Francisco, los términos del arreglo. El “cambio más significativo en nuestra política en más de cincuenta años”, según Obama que pone fin a “un enfoque obsoleto que por décadas fracasó en promover nuestros intereses”.

Obama recordó que él nació en 1961, año de la ruptura con Cuba y poco después de la fallida invasión a Bahía de Cochinos. Y en tan solo un párrafo concluyó que la “política rígida” del bloqueo “no sirve bien al pueblo estadunidense ni al pueblo cubano”, muchos menos a los intereses económicos y financieros de EU, cada vez más aislado regional e internacionalmente.

Más de un billón de dólares en pérdidas para la isla de 11 millones de cubanos es uno de los costos más graves del bloqueo, aunque Obama ofreció a los isleños “una mano de amistad” y al gobierno reformador de Raúl Castro el deseo de “ser socios”.

Dijimos también en enero que la inauguración por esas fechas del megapuerto de Mariel “simboliza el triunfo de la pequeña y hasta hace muy poco aislada nación sobre el brutal bloqueo” de EU, cuando solo restaba que Obama dé “ese paso esperado por toda la región, unida hoy en la diversidad: levantar el bloqueo de medio siglo a la isla, ante el espaldarazo nunca antes visto de la región a La Habana, desde México hasta el extremo austral”.

Y si bien Obama no explicitó el fin del bloqueo, lo dio por concluido de facto al proponer una nueva era y reconocer, con todas las letras, el fracaso de la imperial,  caprichosa y jurídicamente ilegal medida.