Daños colaterales

Crímenes yihadistas a la medida de EU

Cuando el 7 de enero la plana mayor de la revista satírica francesa Charlie Hebdo fue aniquilada por un comando yihadista, lo primero que nos vino a la mente fue que se trataba de una acción para comprometer aún más a la reticente Francia en la nueva “lucha contra el terrorismo” de Obama, cuyo objetivo -y el de su viejo aliado Israel- es esencialmente derrocar al gobierno pro chiita del presidente sirio Bashar Asad y volver a empoderar en Irak a la minoría sunita, tradicional aliada de Occidente (Sadam Husein incluido). La invasión a Irak de Bush/Obama (2003-2011) resultó en un búmeran para EU al encumbrar a la siempre relegada mayoría chiita, además de darle al también chiita Irán, estratégica compuerta entre Oriente Medio y Asia central, un impensable aliado en su frontera oeste. 

Como ocurrió con los atentados del 11-S en EU, fue evidente que el ataque a Charlie buscó alimentar el creciente rechazo en Europa hacia los musulmanes, más que “vengar” a Mahoma,  blanco habitual de sus caricaturas. 

El 16 de enero, una figura tan xenófoba como Jean-Marie Le Pen, líder de honor de su Frente Nacional (ultranacionalista), nos confirmó en la idea al decir que “el tiroteo en el Charlie tiene la firma de una operación de los servicios secretos, aunque no tenemos pruebas de ello. (Komsomólskaya Pravda, 16-01). Arremetió contra los 15 a 20 millones de musulmanes que viven en Francia, como parte de una inmigración “que no es laboral, sino conquistadora, (…) resultado de la decadencia cristiana y europea” y criticó el proyectado TLC de Europa con EU, que “nos convertirá en una colonia económica”.

También el ex subsecretario del Tesoro de EU, Paul Craig Roberts, publicó en su sitio web (www.paulcraigroberts.org, 11-01), que el ataque a Charlie y otros ocurridos por esos días en Francia “fueron orquestados por la CIA para crear odio hacia los musulmanes (y así) aumentar la influencia” de EU en Europa. “La pregunta es quién se beneficia con estos ataques”, añadió Roberts.

Un interrogante que se puede aplicar al reciente degüello de rehenes de Japón y Jordania por el grupo sunita yihadista Estado Islámico (EI), el que combate en Siria e Irak.