Daños colaterales

"China y su entorno geopolítico": EU y el (resucitado) proyecto Transpacífico


El libro de la semana

 

Demócratas del Senado de EU bloquearon esta semana por 52 a 45 votos el proyecto de ley, impulsado por Barack Obama, que le permitiría al presidente acelerar el proceso de los tratados de libre comercio internacionales y allanar el camino a su buscado Acuerdo de Asociación Transpacífico (TPP).

Obama necesitaba 60 votos para hacer avanzar la propuesta legislativa, pero la presión de los demócratas del ala más progresista va en el sentido de obligar a la Casa Blanca a incluir disposiciones en la iniciativa de ley (de vía rápida o fast track), entre ellas una enmienda que proteja a EU de la manipulación de las divisiones (en particular de parte de Japón y Malasia), endurecer los términos sobre el trabajo infantil, incluir medidas de protección a los trabajadores de EU que puedan sufrir desplazamiento laboral o desempleo a causa de los acuerdos comerciales y fortalecer la respuesta de Washington a las prácticas desleales de sus potenciales socios.

El TPP incluye a 12 países, a excepción de China, como parte de la reorientación de la política exterior de EU tras el fiasco de 11 años de guerra intervencionista en Irak (2003-2011) y la voluntad de la doble administración de Barack Obama de recuperar terreno político en la región asiática del Pacífico, perdido a consecuencia tanto de la “guerra contra el terrorismo “ iniciada por George W. Bush (2000-2008) tras los atentados del 11-S en EU, como de una política comercial en favor de Acuerdos Comerciales Preferenciales (ACP) establecidos con gobiernos aliados.

De hecho, el 8 de mayo, el Nobel de Economía, el estadunidense Joseph Stiglitz, comparó en una sesión del Foro Económico Mundial para América Latina en Playa del Carmen (México) al TPP con una “bomba nuclear” para EU debido al secretismo de las negociaciones —calificadas de “top secret”—, las afectaciones en el marco de referencia legal y los derechos de la propiedad intelectual.

El tema es abordado a fondo por Juan José Ramírez Bonilla, profesor-investigador del Centro de Estudios de Asia y África de El Colegio de México (jrami@colmex.mx) en su ensayo “La competencia Estados Unidos-China: el Trans-Pacificat Partnership Agreement vs. el Acuerdo de Libre Comercio China-Corea-Japón” (pp.33-72), uno de los ocho ensayos que integran el volumen “China y su entorno geopolítico. Políticas e instituciones de la integración regional”, coordinado por el mismo Ramírez Bonilla y por Francisco Javier Haro Navejas (El Colegio de México, 2014, 287 pp.).

Para Ramírez Bonilla, la política exterior de la administración Obama respecto de la República Popular China está basada en una “contradicción flagrante”, entre la reorientación de la política exterior de EU anunciada por la ex canciller Hillary Clinton en su ensayo “America’s Pacific Century (“Foreing Policy”, noviembre 2011), y la falta de “novedad” en materia de política exterior que este mismo anuncio supone; aun cuando es claro que el foco de atención de EU se ha desplazado del Oriente Medio (Irak y Afganistán) hacia Asia-Pacífico en general y hacia China, en particular. Como afirma Clinton en su ensayo, citado por el autor, “hoy, China representa una de las relaciones bilaterales más desafiantes y plena de consecuencias [“consequential”] que Estados Unidos haya debido manejar hasta ahora”. En rigor, añade el experto, Clinton debería haber escrito, en aras de la precisión, “que se trata de la relación bilateral más difícil desde que Estados Unidos se consolidó como potencia hegemónica”.

El segundo aspecto de la contradicción es la recuperación del TPP por la administración de George W. Bush, primero, y por la de Obama, después, como un medio para excluir al gobierno chino de un acuerdo amplio de comercio preferencial de la región del Pacífico. “Esa exclusión —dice el investigador— pone en entredicho el esquema de ‘contención’ [establecido por EU desde el acercamiento Nixon-Mao, en 1972], que deja al gobierno chino en plena libertad para definir y poner en práctica los medios necesarios para responder al TPP recuperado por los estadunidenses con una iniciativa regional propia”.

Entre sus Conclusiones, Ramírez Bonilla afirma que el reposicionamiento de EU en Asia del Pacífico “difícilmente tendrá todos los resultados esperados por la clase política estadunidense”, ya que si bien la economía de EU sigue siendo clave, Asia del Pacífico, en conjunto, “no sólo es la nueva dinamo global y la nueva fuente de excedentes financieros: también es una región encaminada hacia un proyecto de integración sobre la base de múltiples iniciativas”, dentro de una gama de espacios de cooperación inter-gobiernos. Y es que “los gobiernos asiáticos son ahora más interdependientes y resienten menos las influencias políticas” de EU.

Esto sin contar con la influencia decisiva que, en contra de los intereses de EU, va a jugar lo que para Pekín es el contrapeso al TPP: el proyecto Acuerdo Comercial Preferencial trilateral China-Corea-Japón (APC-CHCJ), un proyecto que fue reactivado por las partes en octubre de 2009, en Pekín, el cual, dice Ramírez Bonilla, “tiene más visos de ser puesto en práctica que el TPP”.

Mientras el impacto global del TPP “sería mínimo —asegura el autor—, el acuerdo tripartido en ciernes, destinado a liberalizar el comercio de bienes y servicios, “significaría un cambio en el sistema internacional tanto o más grande que el de la Unión Europea en su momento” por lo que, pese a la voluntad de EU, “en el ámbito estrictamente económico, el XXI no será el siglo del Pacífico de EU, sino el de Asia del Pacífico”.