Daños colaterales

Amos Oz, por la paz y contra Hamás

El novelista judío Amos Oz (Jerusalén, 1939), uno de los más importantes escritores contemporáneos en hebreo, es premio Israel de Literatura (1988), premio Goethe de Literatura (2005) y Príncipe de Asturias de las Letras (2007). Él no asistió en noviembre pasado a la 27 edición de la Feria Internacional de Libro (FIL) de Guadalajara por sus diferencias con la política de Benjamin Netanyahu, pese que el país invitado era Israel.

De hecho, el autor de Un descanso verdadero fue uno de los fundadores, en 1978, del movimiento Shalom Ajshav (Paz Ahora), que promueve la paz con los palestinos como requisito para asegurar la propia existencia de Israel, la cual, afirma, debe basarse en el rechazo a las colonias israelíes en Jerusalén Este y Cisjordania, según la premisa de “paz por territorios”.

En una larga entrevista con Deutsche Welle, el servicio de Radiodifusión internacional de Alemania (texto íntegro en www.radiojai.com), Oz no dudó: “¿Qué harían ustedes si su vecino de enfrente cava un túnel desde su casa a la habitación de sus hijos a fin de volar su hogar por los aires o secuestrar a su familia?”. Pero acto seguido dijo que en Gaza “solo apoyo la respuesta militar limitada”. ¿Dónde está el límite? “En la destrucción de túneles (…), se debe tratar de apuntar solo a objetivos de Hamás, única y exclusivamente”. De lo contrario, “Israel solo puede salir perdiendo. Cuantas más víctimas israelíes haya, mejor para Hamás. Y cuantas más víctimas palestinas haya, también será mejor para Hamás.

Según Oz, la solución es que Israel se acerque al presidente palestino Mahmud Abás y acepte “las condiciones para una solución biestatal y la coexistencia: dos capitales en Jerusalén, modificación territorial de mutuo acuerdo y eliminación de la mayor parte de los asentamientos judíos en Cisjordania. (…) No sé cuánto tiempo llevará, pero está destinado a pasar (...). La mayoría de los palestinos no están precisamente enamorados de Israel, pero aceptan reticentemente que los judíos israelíes no se van a ir de ahí, del mismo modo que los judíos israelíes, igualmente reticentes y descontentos, aceptan que los palestinos tienen pensado quedarse. No son las condiciones ideales para una luna de miel, pero quizá sí para un divorcio justo como el que se vivió en el caso de República Checa y Eslovaquia”.