La sociedad del cansancio

Hoy quiero compartir mi lectura de un libro pequeño, de 79 páginas, que ha causado revuelo en varios países. Se titula La sociedad del cansancio y lo escribe un filósofo coreano radicado en Alemania: Byung-Chul Han. Es un libro que debemos leer y comentar entre nosotros, pues dolorosamente nos reconoceremos en sus páginas. El filosofo hace un examen lúcido sobre nuestra vida actual y nos alerta sobre lo que muchos intuimos: estamos viviendo un cambio de paradigma en el que nos estamos convirtiendo en personas fatigadas cuyo sólo objetivo en la vida es rendir, funcionar. Nada más. Su premisa es la siguiente: la falta de reposo conduce a nuestra civilización a una nueva barbarie.

¿Qué quiere decir cuando habla de barbarie? ¿Por qué estamos llegando a ella si precisamente hoy los avances tecnológicos y científicos nos recuerdan más que nunca nuestra humanidad? Las reflexiones de Byung-Chul Han son implacables. En principio, vale la pena enumerar qué trae consigo este nuevo paradigma.

Somos una sociedad que vive una fuerte presión por el rendimiento: hay que funcionar, y funcionar cada vez mejor. Vivimos aturdidos por un exceso de estímulos, y nuestro estilo de vida siempre acelerado y con una infinidad de tareas por realizar hace necesaria la habilidad del multitasking. Esta habilidad modifica de manera radical nuestra atención, que dura cada vez menos. Todos nosotros somos testigos de la manera en que ésta ha cambiado, pues se ha vuelto dispersa, superficial y de muy corta duración. Cambiamos nuestro foco de atención de la misma manera en que cambiamos los canales del televisor: rápido y sin muchos cuestionamientos.

Esta novedad, que ayuda sin duda a rendir mejor en los tiempos posmodernos, implica que estamos viviendo una regresión, pues de acuerdo a Byung-Chul Han es una característica ampliamente extendida en los animales salvajes que dedicaban su vida a la sobrevivencia y por ello necesitaban tener fragmentada su atención. La persona multitareas (multitasking), capaz de hacer más de una cosa al mismo tiempo, está imposibilitada para la inmersión contemplativa tan necesaria para el desarrollo de la humanidad.

Han dice que “los recientes desarrollos sociales y el cambio de estructura de la atención provocan que la sociedad humana se acerque cada vez más al salvajismo”. Me pregunto, ¿hacia dónde vamos con esta vida loca y frenética que no nos deja detenernos ni siquiera en los tiempos dedicados a la pausa?

He aquí algunas de las consecuencias señaladas por Han: nos hemos convertido en seres con mucha prisa y con una fuerte intolerancia al aburrimiento; hemos perdido el don de la escucha y de la mirada, que son los regalos que nos regresan a la vida en comunidad. Para Han, mirar es dejar que las cosas se acerquen a los ojos, recuperar el asombro, conectarse con el mundo. Nos hemos convertido en tiranos de nosotros mismos bajo la creencia que todo se puede, y eso nos ha generado un sentimiento de insuficiencia, de inferioridad, además de una profunda aversión al fracaso. La actividad se ha convertido en un imperativo absoluto que no nos deja relajarnos. Nuestra hiperactividad se ha vuelto normal, andamos sin sosiego y necesitamos doparnos para poder funcionar. Si bien hemos combatido bacterias y virus que antes nos hubieran aniquilado, hoy somos víctimas de todas las enfermedades mentales habidas y por haber. La primera de la lista es la depresión.

Lo más terrible del asunto —explica el mencionado filósofo— es que nos hemos convertido en nuestros propios verdugos, y nuestro auto-atosigamiento nos ha hecho renunciar a nuestra propia humanidad, que empieza con el reposo, el diálogo con nosotros mismos, la contemplación que nos conecta de otra manera con el mundo. “Los activos ruedan, como rueda una piedra, conforme a la estupidez de la mecánica”, dice.

Necesitamos, como diría el poeta Jaime Sabines, recuperar la fe en el sagrado domingo.

 

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