El dinosaurio todavía

Nuestro amor por lo inconcluso nos condena, nos desorienta y paraliza. Nos destina a la eterna inmovilidad y al inefable fenómeno del gatopardo: el simular que las cosas cambian para que todo permanezca igual.

El pasado 21 de mayo asistí a la presentación de Los docentes en México. Informe 2015, publicado por el Instituto Nacional para la Evaluación Educativa. El informe, un diagnóstico atento y cuidadoso sobre la diversidad del cuerpo docente en nuestro país, intenta dar respuesta a preguntas elementales sobre la realidad educativa mexicana: ¿Quiénes son los profesores? ¿Cuáles son sus condiciones laborales? ¿Cuál es el contexto que posibilita (o desalienta) la formación de los maestros? Además de los datos estadísticos que nos hablan de la estructura, tamaño y características de la planta docente de educación básica y media superior, de sus condiciones laborales y de su formación, el informe puntualiza en su último capítulo sobre los concursos de ingreso al servicio docente (y sus desalentadores primeros resultados).

El estudio da un primer paso necesarísimo para el cambio educativo en nuestro país, por muchas razones: ante el prejuicio generalizado que entiende a los maestros como una comunidad homogénea, ante la noción deteriorada de lo que significa ser profesor, ante la incongruencia entre la importancia que guardan los maestros para el desarrollo del país y la poca información que se tiene de ellos, el INEE hace bien su tarea y nos devuelve un mosaico diverso y complejo de personas con diferentes bagajes y circunstancias laborales, y sobre todo una enorme desigualdad de oportunidades. El concurso - con sus reglas claras- es un paso ineludible para hacer transparente el camino de ingreso y permanencia de los docentes, y para asegurar la calidad de la educación que ofrecen.

Las conclusiones del INEE sugieren que cumplir con ello podrá hacer realidad la reforma educativa.

Leer el informe y entender la dura realidad que nos dibuja me devolvió la confianza en una institución que se toma su trabajo en serio. Pensé ingenuamente que este gran esfuerzo del INEE abría un camino que posibilitaría el cambio. Ayer sábado, inesperadamente, me convertí en el personaje del famoso cuento de Augusto Monterroso:

Cuando me desperté, el dinosaurio todavía estaba allí.

Me encontré con una noticia implacable que anuncia la marcha atrás de todos los planes arriba mencionados.

La SEP informa que "con motivo de nuevos elementos a considerar en el proceso de evaluación para el ingreso, promoción y permanencia de los docentes en la educación básica y media superior, la evaluación se suspende indefinidamente". Por su parte, la CNTE comunica su rechazo a la aplicación de las pruebas por considerarlas punitivas y amenazan con un boicot electoral el 7 de junio.

Desandar lo andado.

Como lectora de ficciones, me ha tocado descubrir junto con mis alumnos dónde empieza por primera vez a narrarse esta actividad enloquecedora de destruir lo creado. Nos sumergimos en las aguas del pasado para encontrarnos con La Odisea y la historia de Penélope, que ante la larguísima ausencia de su marido Ulises y la amenaza de los pretendientes, promete que se casará cuando termine de tejer el sudario de su anciano suegro. La astuta Penélope se las ingenia para que nada se mueva, pues teje el sudario de su anciano suegro durante el día y lo desteje durante la noche. En este caso, la cotidiana tarea de hacer para deshacer tiene un propósito claro que es detener el tiempo.

La ficción nos advierte que las situaciones delirantes tienen un fondo de realidad. Cuentan algunos sobrevivientes de los campos de exterminio que una de las torturas rutinarias a las que eran sometidos era construir algo para luego deshacer lo hecho.

El anuncio de la SEP y la batalla del CNTE nos sitúa de nueva cuenta frente a la incoherencia del retroceso.

Saca al dinosaurio del armario.

Ni hablar.


inessaenz@hotmail.com