Refugio

Así lo entienden quienes han padecido los estragos del miedo.

Quienes se han asfixiado con las puertas cerradas, los cercos sociales y políticos absurdos, la censura y la represión. Leer ficción les ayudó a construir un refugio donde podían paladear la libertad del pensar y el movimiento. Donde podían olvidarse por unos momentos de la precariedad.

Donde podían ser otros, aunque fuera durante las horas de lectura.

Refugio.

Así lo entiende la escritora iraní Azar Nafisi en sus memorias tituladas Leer "Lolita"en Teherán. Una memoria en libros, donde recuerda los efectos positivos de la lectura de ficción. Nafisi vio truncados por algunos años su carrera de profesora de Literatura Inglesa en la Universidad de Teherán el día en que se negó a llevar el velo islámico que se había vuelto obligatorio. El haber crecido en el seno de una familia educada y el haberse formado -al igual que muchas mujeres iraníes de la década de los años setenta- en el seno de una familia que apoyaba la educación sólida y la independencia de la mujeres, motivó a Nafisi a reclamar sus derechos ante la política radical del Ayatollah Jomeini y la de sus sucesores, que les cortaban las alas.

A pesar de la imposibilidad de trabajar en la universidad y de ver restringidas sus opciones, Azar se las ingenió para abrir un grupo de lectura en su casa, reuniéndose con sus antiguas alumnas una vez por semana para leer y discutir textos literarios censurados por el régimen.

Nafisi encontró en la prisión que pudo ser su hogar, el espacio perfecto para continuar con la docencia de la literatura tal como ella la concebía: una actividad que enseñaba a discernir, reflexionar, imaginar y disfrutar el imán de las palabras.

Las memorias de Nafisi son eso: una evocación de lo que trae consigo la fuerza creadora de los escritores que leyeron en esa época. Azar Nafisi y su familia abandonaron Irán en 1997, exiliándose en los EU, país donde Nafisi ejerce la docencia en la Universidad de Johns Hopkins. Recuerdo con enorme placer la lectura de este libro que salió publicado en 2003, pero que sigue teniendo una enorme vigencia.

No olvido una de sus frases, que traigo aquí porque condensa una de las virtudes de la educación literaria, tan necesaria en estos tiempos y en cualquier época.

Azar Nafisi se pregunta por qué ponía a sus alumnos a leer novelas como El gran Gatsby: no era para concluir si el adulterio es bueno o malo, sino para entender qué complejo es el adulterio, la fidelidad y el matrimonio. Una buena novela, nos dice Nafisi, agudiza la sensibilidad hacia las complejidades de la vida, y nos previene de convertirnos en jueces mojigatos".

La lectura ayudó a sus alumnas a volar, desde su inmovilidad, a otros lugares, a entender el mundo tan constreñido en el que vivían y a mantener alerta su mirada distanciada y crítica.

Refugio.

Así lo entiende Mario Vargas Llosa, quien en varios de sus ensayos recuerda que la lectura tejió a su alrededor un manto protector contra la violencia paterna. Seguramente el dolor y la lectura de libros de aventuras infantiles lo convirtieron en escritor.

En el discurso que dio al recibir el Premio Nobel, Vargas Llosa hace un elogio de la lectura y la ficción, una elocuente defensa del arte de paladear la palabra y con ello, aventurarnos por los mundos a los que nos lleva.

Cito un fragmento de ese discurso:

"Igual que escribir, leer es protestar contra las insuficiencias de la vida.

Quien busca en la ficción lo que no tiene, dice, sin necesidad de decirlo, ni siquiera saberlo, que la vida tal como es no nos basta para colmar nuestra sed de absoluto, fundamento de la condición humana, y que debería ser mejor. Inventamos las ficciones para poder vivir de alguna manera las muchas vidas que quisiéramos tener cuando apenas disponemos de una sola". (http://www.nobelprize.org/nobel_prizes/literature/laureates/2010/vargas_llosa-lecture_sp.pdf).

Refugio.

¿Ha pasado por allí? ¿Lo ha vivido? Vale la pena.  


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