Recuento planetario

“Cuando todo lo demás falla, filosofa.”

J.M. Coetzee, Desgracia

 

Las noticias del mundo nos dicen aliviadas que habrá un alto al fuego en Ucrania, y lloran en todos los idiomas por el civil muerto en la balacera desatada en Copenhague. Al parecer, unos fanáticos radicales repudiaron la presencia del polémico artista sueco Lars Vilks, quien participó en un debate sobre el arte, la blasfemia y la libertad de expresión en la capital danesa. Gran tema éste de la libertad expresión y la blasfemia. Parece ser un punto sumamente delicado, pues la irreverencia se imagina cada vez más como una gran amenaza que pone en peligro nuestra relación con lo sagrado.

Y seguimos con el recuento planetario de este año que dio sus primeros pasos con el pie izquierdo. Las atroces muertes de los periodistas a manos del llamado estado islámico nos pararon los pelos de punta, independientemente de cuál fuera nuestro código cultural. Lo mismo sucedió a principios de año con el horror que rasguñó la belleza de la ciudad de París. La brutal muerte de los artistas y periodistas de Charlie Hebdo nos conmovió a todos, y el mundo entero reclamó esas muertes ajenas como si fueran propias.

Aunque los habitantes de este lado del Atlántico no vivimos  los problemas de alta tensión religiosa que vive Europa, y estamos en todo sentido lejos del contexto francés, inmediatamente unimos nuestros pesares y nos pronunciamos en contra del asesinato a sangre fría de los artistas de Charlie Hebdo. La resonancia de ese duelo mundial nos demuestra que para la raza humana todo asesinato es inadmisible. 

Sin embargo, percibo un punto oscuro, un silencio, un cierto aire desentendido cuando los medios internacionales cubren algunos acontecimientos. Me percato que hay una falla en el equilibrio de la ecuación cuando se cubre lo que sucede en lugares no prioritarios en la agenda del mundo. Esta mudez  de los medios, esta sordera ante la violencia africana o latinoamericana me indigna. Le pido que piense en la cantidad de muertos ocurrida en Nigeria este año, cuya dimensión es inversamente proporcional a las escasas líneas que ocuparon en las notas periodísticas.

Para México reservamos las tragedias mexicanas, que son muchas. En ningún diario del mundo ha hecho ola el plagio del director del periódico matamorense El Mañana; no han hecho estruendo las incontables fosas ni los muertos por docenas, ni nuestras acaloradas manifestaciones, a menos que el periódico sea mexicano o se distribuya en México. 

Me explico: el mundo sabe de la violencia mexicana, pero hay algo que no cuaja. ¿Por qué cuando se habla de México se siembra el miedo y no la empatía? ¿Por qué presiento que la compasión y solidaridad sólo funciona en una sola dirección, que va del sur al norte?

Esta regla del poder me indigna y me pone a pensar en lo dóciles que somos para leer el mundo, nuestra incapacidad para interpretar el poco espacio en la página, las omisiones, la “naturalidad” con que aceptamos la violencia que ocurre en ciertos lugares... y nuestro eterno rol como personajes secundarios de las historias ajenas.

El costo de la vida es cada vez más alto en estas latitudes.

Y yo que pensaba aprovechar el grato aroma de rosas de San Valentín y hablar de cosas más amables. Pero el horno no esta para bollos, y por ello decidí seguir una frase memorable de “Desgracia”, una novela de J. M. Coetzee: “Cuando todo lo demás falla, filosofa”.

 

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