Protégeme de mis deseos

A mis hijas

Desear es algo complicado, sobre todo cuando imaginamos la segunda parte de la ecuación.

¿Qué sucede con nuestros sueños? Desear, apetecer, ansiar, soñar, aspirar, querer, pretender, son las múltiples palabras que le damos a ese movimiento afectivo de los anhelos. Desear es en realidad el motor que nos impulsa, el movimiento afectivo que nos lanza por el camino y que nos mantiene de pie. Las biografías inspiradoras tienen como corazón este sentimiento extraño, indescriptible y profundamente familiar que puede evaluarse, si acaso la complejidad de una vida puede tener la cotización tajante de una moneda, como algo logrado o fallido.

Contrario a toda expectativa, el filósofo Byung Chul-Han nos advierte sobre nuestros deseos y asegura que lo mejor que podría sucedernos es que éstos no se cumplan.

Antes de entrar en materia, quiero hablar de este filósofo de origen coreano que escribe en alemán; una figura potente, dueña de una obra pequeña en número de páginas y enorme por sus implicaciones. Su obra inteligente y polémica. Crítico implacable del capitalismo neoliberal, Chul-Han nos ha abierto los ojos a las sutiles técnicas de dominación bajo las cuales vivimos y nos han convertido en una sociedad agotada que vive por su propio yugo bajo una fuerte presión por el rendimiento (lea usted La sociedad del cansancio), sin privacidad y cada vez más desprovista de un espacio interior en el cual resguardarse (lea usted La sociedad de la transparencia), en un mundo cuyo exceso de oferta nos lleva a una crisis del amor y al más agudo narcisismo y depresión (lea usted La agonía del Eros).

Psicopolítica, su último libro que he tenido en mis manos, es una condensación de los temas anteriores y algo más, pues se centra en nuestra experiencia de la libertad. Vivimos, según la lógica de Chul-Han, en un momento particular en nuestra historia en el que la libertad es represiva. Hoy, la libertad del poder hacer es ilimitada. Paradójicamente, el horizonte infinito de posibilidades al que nos sometemos quienes nos creemos libres, nos convierte en esclavos absolutos, explotándonos a nosotros mismos de forma voluntaria, bajo la creencia de que nuestras decisiones son autónomas y las tomamos en entera libertad.

La optimización corporal es el imperativo actual, por ello, la cirugía plástica y los gimnasios son los nuevos dispositivos carcelarios. Nuestros cuerpos dóciles son cuerpos que explotamos. Con ello, y convencidos de que estamos ejerciendo nuestra voluntad, reproducimos el entramado de dominación que se disfraza de libertad.

El filósofo insiste en que la libertad es una palabra relacional. La libertad verdadera se da a partir de la relación con los demás, en una relación plena y lograda con el otro. Hoy, ese valor se supedita a la conveniencia de la finalidad. En el mundo del consumo, el otro es un peldaño más para cumplir nuestros fines. Todo sigue la lógica del consumo: tanto las amistades como la política tienen la satisfacción como termómetro.

¿Qué es entonces la psicopolítica? Según Chul-Han, es el nuevo régimen dominación y poder. En el mundo de ayer, nos explica Chul-Han, las técnicas de dominación se basaban en la vigilancia y el castigo que inhibía ciertas conductas. Hoy son mucho más sutiles y eficientes: se basan en la seducción y en la inteligencia de los medios digitales. Hoy, nos dice el filósofo, el poder adquiere una forma invisible, permisiva y amable, ofreciéndose como libertad: "Su particular eficiencia se debe a que no actúa a través de la prohibición y la sustracción sino de complacer y colmar. En lugar de hacer a los hombres sumisos, intenta hacerlos dependientes", (28-29). Este poder nos ofrece un sinfín de posibilidades a elegir. Es un poder que nos invita a compartir, comunicar nuestros deseos y necesidades. Es un poder afirmativo y seductor que genera constantes emociones positivas. Su signo más evidente es el botón "me gusta". Ya no hay prohibición de por medio. Bajo este régimen de la positividad, todo es posible.

Hoy, nos dice Chul-Han, tenemos que estar alertas de nuestros deseos, porque se cumplen.


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