Cien millones

Abogadas, profesoras, médicas, trabajadoras domésticas, obreras, taxistas, escritoras, músicas, artistas, ingenieras, matemáticas, enfermeras, arquitectas, economistas, contadoras, secretarias, políticas, activistas, policías, masajistas, peluqueras, empresarias, campesinas, biólogas, actrices, bibliotecarias, cineastas, modelos, periodistas, agentes de bolsas o de ventas, publicistas, asistentes sociales, costureras, azafatas, camareras, administradoras, chefs, músicas, entrenadoras, guardias, jardineras, guías turísticas, niñeras, pastoras (de ovejas y de iglesia), presidentas (de barrio, de colonia, de consejos consultivos… de un país).

Hoy, cien millones de mujeres latinoamericanas se han incorporado activamente al trabajo formal. Según el Foro Económico Mundial, éste es el cambio social más dramático en la historia de América Latina de los

últimos años. Una transformación sin precedentes que les ha permitido un mayor empoderamiento, una mayor independencia y control sobre su economía y la de sus hijos. Los datos muestran que las mujeres gastan un mayor porcentaje de su salario en la educación, la salud y alimentación de sus vástagos. Esta incursión en la vida activa ha tenido efectos positivos sobre la economía de América Latina:

los expertos del Foro explican que la sola incursión femenina al trabajo (y no la política económica) ha reducido 30% la extrema pobreza en nuestra región. ¿En qué se traduce esto? En la necesidad de entender que el talento de las mujeres trae consigo bienestar.

Hasta aquí las buenas noticias. Sin embargo, ¿qué se esconde detrás de los alentadores números sobre las mujeres y el trabajo? Los mismos expertos del Foro Económico Mundial nos revelan la otra cara de la moneda:

La desigualdad.

Resulta que del total de horas trabajadas por hombres y mujeres en el mundo, las mujeres contribuyen con dos tercios, pero del total de la remuneración reciben sólo el diez por ciento del ingreso global y poseen menos del uno por ciento de la riqueza del mundo. Esto resulta de la combinación de dos factores:

por un lado, trabajos de menor rango que exigen un mayor número de horas trabajadas, y una remuneración menor para las mismas responsabilidades que los hombres. Si en lo general, el trabajo parece ser un terreno que las mujeres hemos ganado a pulso, en lo particular, la justicia sigue siendo un sueño.

Otro espejismo: el Índice de Brecha de Género de 2014, publicado por los mismos especialistas. Éste mide la brecha entre hombres y mujeres en cuanto a participación económica, grado de escolarización, salud y empoderamiento político. México ocupa el lugar 80 de 142 países. ¿Qué sucede cuando miramos a detalle? En el aspecto educativo y de salud, se percibe una brecha mínima; podríamos decir que hay casi una paridad de hombres y mujeres en la matrícula de primaria, secundaria y preparatoria. Interesa señalar que el rubro en el que México registra la mayor desigualdad es en la participación y oportunidades económicas, así como en el empoderamiento político. Este índice refuerza la idea de desequilibrio en la balanza a la hora de incursionar en la vida laboral.

Un abrumador porcentaje de estos cien millones de mujeres trabajadoras y profesionistas en situaciones poco ventajosas ejerce la maternidad. ¿Y qué decir del tema? Me parece que en esta vida de las mujeres cargada de un exceso de deberes en todos los frentes, lo que menos les aporta es el cíclico ritual que año con año las inunda de homenajes vacíos. Si los festejos, las fl ores, las serenatas, los regalos, las frases elogiosas que rodean a toda mujer el 10 de mayo pudieran transformarse en apoyos efectivos que les permitan equilibrar todos los aspectos de su vida, la realidad femenina en nuestro país sería otra cosa.

En este contexto, son encomiables las ideas que rehúyen del estereotipo y que promueven una visión alternativa de las cosas. Recomiendo que vaya a una librería y busque la colección de libros publicados por Tumbona Ediciones. Se trata de una editorial independiente que publica textos fantásticos que nos ponen a pensar, como el ensayo Contra los hijos, de la escritora chilena Lina Meruane.

Atrévase a leerlo. Le ayudará a ver este día de manera diferente.


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