Tuércele el cuello

La revolución del "streaming"

Los cambios y los retos que implican suelen infundir temor cuando nos enfrentamos a ellos. La industria de la música tiene casi dos décadas en una metamorfosis cuyo desenlace aún no conocemos. El último paso es el streaming. Un servicio por el que el consumidor tiene acceso al acervo musical del prestador del servicio a través de una plataforma de internet. Spotify, Deezer, Google Play Music y Beat Music son quienes se han instalado con mayor fuerza en este mercado.

¿Pero qué es eso de escuchar música en streaming? El servicio da la opción de tener acceso a grandes acervos de audio desde cualquier dispositivo  con acceso a internet (Smartphone, tableta, computadora). Para darse una idea del material disponible, pongamos el ejemplo de Spotify -la empresa sueca convertida en la favorita de la audiencia- su acervo equivale a 14 mil 500 años  de reproducción de música sin pausas. Sí: un montón. La vida no alcanzaría para escuchar ni una fracción de la música disponible. Acceso a lo que te gusta, desde cualquier sitio. Suena útil y apetecible.

Pero el nuevo esquema también tiene sus detractores. “No se equivoquen, nuevos artistas. Descubrirán que Spotify no les paga”. Algo así publicó ThomYorke en su cuenta de Twitter a mediados de 2013. El líder de Radiohead definió a Spotify como “la última y desesperada flatulencia de un cuerpo moribundo”, en referencia a la industria. Según la empresa de Daniel Ek, las críticas de este tipo parten de la desinformación. Ojo: es la versión del dueño del negocio. Acá cabe la pregunta: ¿cuándo el artista ha amasado riquezas a partir de la venta de casettes-discos-archivos Mp3? Nunca. Las transnacionales han sido siempre los grandes beneficiados con la comercialización de estos formatos. En fin, los artistas interesados en poner su música accesible, sin que ello represente que les tomen el pelo, pueden explorar el modelo de negocio en este sitio: http://www.spotifyartists.com.

Pero hablemos desde la trinchera del escucha. Una fecha clave fue 1999, cuando a través de Napster todos fuimos parte de una orgía global en la que podíamos descargar de manera ilegal casi cualquier material musical con un solo clic. Plataformas como Ares hacían posible el intercambio de Mp3 con cualquier tipo que estuviera conectado de manera simultánea. La parte fea es que la cantidad de flujo musical era inversamente proporcional al golpe que sufría la industria.

Se puede estar a favor o en contra del modelo de negocio de este tipo de plataformas. Lo cierto es que el paradigma ha cambiado. Hace unos diez años, el invento del iPod nos daba algo que entonces parecía imposible: llevar toda tu música a donde vayas en un pequeño dispositivo. El streaming le da una vuelta de tuerca al paradigma: accede a toda la música, donde quieras y cuando quieras. Además de la experiencia social de la música, permitiendo al usuario recomendar y recibir recomendaciones de acuerdo a sus propios gustos. Esperemos el contraataque de Apple: a finales de mayo de este año compró Beat Music. ¿Qué pasará cuando vinculen la estructura de iTunes con esta nueva plataforma? ¿Cuál será el nuevo mounstrito? Ahí estaremos para relatarlo.