Tuércele el cuello

Un premio en retroceso

¿Encontraría a la maga? Cansado, te desvistes lentamente, caes en el lecho, te duermes pronto y por primera vez en años sueñas, sueñas una sola cosa, sueñas esa mano descarnada que avanza hacia ti con la campana en la mano, gritando que te alejes, que se alejen todos. Y cuando el rostro de ojos vacíos se acerca al tuyo, despiertas con un grito mudo, sudando, y sientes esas manos que acarician tu rostro y tu pelo, esos labios que murmuran con la voz más baja, te consuelan, te piden calma y cariño.

Si la carne no puede morir… Un momento. Esto ya había pasado. Corría el año 2012 y el jurado de Salón de Octubre había decidido nombrar ganador a un artista que juzgó pertinente copiar la obra de un artista que vivía al otro lado del mundo y presentar la obra como propia. Cuando se descubrió el garlito, artistas y aficionados emprendieron un debate en el que se juzgó poco ético acudir al discurso de la “apropiación” o la “paráfrasis”. Déja Vu, que le llaman. Consulto la fecha en el reloj, la reviso en los periódicos del día. Incrédulo, confirmo que no se trata de una regresión al pasado. No, no leo las mismas notas. Volvió a ocurrir lo mismo.

En 2013, la pintora Karla de Lara consideró que podía tomar como modelo un cuadro realizado por la artista Yan Yaya (1985) y hacer una calca del mismo. Una vez que el chiste es descubierto, tiene a bien afirmar que se trata de un “homenaje” a la artista, de una reinterpretación, adaptación, paráfrasis, deconstrucción… bla, bla, bla. En el arte, las influencias y técnicas, las ideologías y filosofías, son flujos que median y se transfieren entre sí.

Hasta ahí, todo bien. Pero seamos sinceros, todos sabemos la diferencia entre el burdo acto de la copia y el inspirarse en algo para crear algo con carácter propio y generar una resignificación la artista, lo recibiría mejor que la frase “estaba haciendo un homenaje”. Sería digno halagador que un pintor que domina la técnica, respetara también los procesos de creación que son inseparables del espíritu de la creación del arte.

Mal también por el Salón de Octubre, que con dos años consecutivos, ya pareciera convertirse en el certamen que premia las copias groseras, mal precedente del premio al arte parasitario. ¿Cómo se sentirá el artista que preparó una obra inédita y que ve premiada la comodidad de un colega suyo que decidió apropiarse de la obra de alguien más? ¿No se estimula con ello la mediocridad? La primera ocasión da para la burla. Pero que les pase por segunda ocasión consecutiva, da pena.