Tuércele el cuello

Todos los libros en la palma de la mano

Todo ñoño ha soñado más de alguna vez con ello. El día está nublado. De cuando en cuando cae una llovizna que deja gotas traviesas en la ventana. Afuera dos se besan y en la banqueta tres niños mueren de risa brincando en los charcos. Él prefiere ver todo desde lejos, participa ausente a su manera, vouyeur indiscreto.

Luego le da un sorbo al café y se arrellana en ese puff que con el paso del tiempo ha adquirido la forma de su espalda. Cierra los ojos. Suspira plácido en su perezoso estar. Piensa. Estira la mano en el aire y, como si fuera un acto de magia aparece en entre sus dedos cualquier libro en el que piense… ¿Baricco? No, mejor Philip Roth. ¿O Murakami? No, ya sé, hoy será Cormac McCarthy. Y con el flujo de su pensamiento deslizan entre sus manos la portada de Tres veces al amanecer, Thehumbling Sputnik, mi amor y al final The Road. Sí, hoy será McCarthy. Y empieza la lectura. Al final, se regala unos versos de Neruda, como quien toma un postre. Todos los libros al alcance, con el único requisito Pues la fantasía está cerca de estar al alcance de cualquiera. Amazon lanzó el viernes pasado su servicio de Kindle Unlimited, un servicio de suscripción con el que todo mundo pueda tener acceso a una biblioteca de 60 mil libros electrónicos, todo a cambio de la módica cantidad de 9.99 dólares al mes. Los libros pueden ser consultados a desde el lector electrónico de Amazon, Kindle o cualquier aparato que sea compatible con la aplicación de Kindle (lap top, iPad o cualquier tableta o computadora que acceda a la aplicación). Pero no es sólo Amazon. Ya hay otros ofertantes del servicio, como Oyster, que cobra 9.95 dólares por mes para tener acceso ilimitado a más de 500 mil títulos. Con el paso del tiempo, seguro las ofertas van a crecer y, si nos atenemos a la premisa del (cochino-sucio-vampiro) capitalismo de la ley de oferta y demanda, los precios tendrían que bajarse y la oferta diversificarse. Es decir, un sistema parecido al de Netflix en las producciones audiovisuales o Spotify en la música, pero aplicado a los libros.

Claro, los nostálgicos seguiremos en la añoranza del papel y la tinta, en la acumulación de ejemplares bonitos para el librero; pero lo cierto es que la tecnología puede representar un gran negocio para algunos, una gran oportunidad de difusión para los autores y una cómoda manera de acceder a los libros para los lectores.

Es cierto, por ahora, la oferta de títulos no es la mejor. Como en las librerías y los centros comerciales, los estantes de la librería virtual están llenos de basura con letras y literatura barata; pero si uno escarba con paciencia puede encontrar verdaderas joyas que a veces es difícil conseguir en las propias librerías. Lo cierto es que el sueño está al alcance de la mano y, para un glotón como el que escribe, el festín apenas está por comenzar. Piérdanse en las letras, ya sea en archivos electrónicos o tinta en hojas de papel; pero piérdanse.

 

Twitter: @nachodavalosl