Tuércele el cuello

Warhol in my mind

Lo que ocurrió este mes es importante para el mundo del arte. Este noviembre la casa de subastas Christies’s rompió un récord mundial: se anotó la mejor subasta de la historia, al vender obras de autores como Lichtenstein, Kippenberger, Twombly, Ruchca, Doig, entre otros, y recaudar un total de 682.3 millones de euros, burlándose de paso del récord de Sotheby’s, su competencia, que tiene 320.9 millones de euros como su mejor registro de ventas en una noche.

Sin embargo, lo relevante no es que se rompió un récord–en el mundo del arte contemporáneo las cifras bailan como acciones bursátiles en Wall Street-. Lo importante es que una empresa de casinos de apuestas perteneciente al estado federado de Renania, en Alemania, vendió dos pinturas de Andy Warhol: Triple Elvis, por 66 millones de euros y Cuatro Marlons, por 56 millones de euros. ¿Pero por qué debería importarnos esto? En síntesis, significa que en Alemania, un gobierno estatal (a través de una empresa de su propiedad) vendió patrimonio cultural para sanear finanzas.

Traduzcámoslo a nuestro entorno. Un día, el Gobierno de Jalisco se ve en apuros financieros. No encuentra de donde sacar dinero para pagar la nómina de sus burócratas. De pronto, recuerda que tiene en sus bodegas una colección de obras de Clemente Orozco, esos cuadruchos que sólo roban espacio. De pronto, un funcionario de alto nivel se soba la panza y tiene una gran idea. “Mmmmm. Seguro nos pueden dar un buen dinerito por esos cuadros. Quien quita y nos sacan del apuro”, mucita el funcionario con singular alegría. Días después se subasta la obra y, al final,  el gobierno sale de un problema financiero y el pueblo se queda sin el patrimonio cultural que le pertenecía.  Es el escenario que abre la venta de los dos Warhols vendidos en Christie’s.  

Lo ocurrido en la casa de subastas sienta un precedente peligroso para el patrimonio cultural que -se supone- debería ser cuidado por los gobiernos; pero ahora puede ser visto como una tentadora fuente de ingresos. Así lo piensan 26 directores de museos de Alemania que firmaron una carta pública advirtiendo de lo grave que podría ser este precedente para el patrimonio cultural de los pueblos. ¿Qué pasó con la carta? Fue olímpicamente ignorada y la subasta se realizó. Al final, la venta de los dos cuadros superó las expectativas y anunciaron que hasta alcanzará para levantar un nuevo casino de apuestas en Colonia -eso es aprovechar el dinero en cosas productivas y no fregaderas-.

Dos conclusiones.

I. Vaya a los museos. Goce el arte y las exposiciones que ahí se exhiben. Es su derecho. Se hacen con sus recursos. Disfrútelos y enseñe a los suyos a disfrutarlos. Aprovéchelos. No sabe cuándo dejarán de existir.

II. Nunca, pero nunca en toda su vida –por favor- le cuente a un político que tiene en Alemania el precedente perfecto para hacerse de recursos a través de la venta de patrimonio cultural propiedad del pueblo.