Tuércele el cuello

Pérez Reverte y el grafiti

El grafiti es atractivo. Es adrenalina, es lo prohibido, es rebeldía, es arte, es una expresión del siglo XX que seduce a un sector de los jóvenes. Hace ya algunos años que había dejado de leer una novela de Arturo Pérez-Reverte, pero hace algunos meses encontré El francotirador paciente, una novela donde el autor español aborda el fenómeno del grafiti. Nunca imaginé al autor escribiendo sobre grafiti. Sus historias de amor, violencia, honor… parecían tener un mejor marco en las hojas del Capitán Alatriste o la Reina del Sur que en el mundo subterráneo de las concentraciones urbanas contemporáneas. El maridaje sonaba extraño y decidí empezar la lectura esperando encontrar una sorpresa grata.

La historia tiene como protagonista a una especialista en arte urbano, investigadora académica, a quien un mercader de arte contemporáneo le encarga encontrar al grafitero más famoso de España, un misterioso tipo al que nadie le ha visto el rostro nunca, con el fin de desenmascararlo y convertirlo en su próximo éxito de marketing. El reto resulta interesante para la especialista en arte y acepta. Así arranca la caza de un personaje sin rostro al que se va conociendo a través de sus obras y las ciudades en las que va dejando su huella.

Hasta ahí, todo bien. No obstante, algo tiene la novela que no termina por hacer un click verdadero con el lector. No encuentro en la novela el tono del escritor que suele hilar historias en donde conforme transcurre la novela se va haciendo inevitable querer seguir en la lectura por horas y horas hasta terminar con el libro. No encuentro la fórmula que motive a seguir y seguir.

Grafiti, ¿arte o vandalismo? ¿Pierde el grafiti su autenticidad cuando se vuelve parte del sistema mercantilista del arte contemporáneo? Son algunas de las preguntas que plantea el autor, al tiempo que repite con insistencia que “Si es legal, no es grafiti”.

¿Es El francotirador paciente una novela sobre grafiti? Sí ¿Acerca al lector a la sensación de correr por las calles dejando una marca transgresora? No estoy seguro. El autor pasó un año entero acompañando a grafiteros en sus aventuras nocturnas por varias ciudades de Europa. No obstante, no encuentro en sus líneas que haya una apropiación del autor de ese mundo. No se trata de que el autor desconozca el tema. Por el contrario, maneja la jerga lingüística a la perfección. Los conceptos de tag , felton, wildstyle, novelty, etcétera… son bien empleados, pero sigue dejando la sensación de que algo de artificial hay en el acercamiento.

¿Es una lectura que disfrutarán los seguidores del autor? Seguro, porque lo encontrarán abordando un tema que no se imaginarían que el escritor tocaría en algún momento. ¿Es un libro que pasará a la historia como los mejores de Pérez-Reverte? Definitivamente, no.