Peor para la verdad

De sustos, temblores y granizadas

Si bien es cierto que los fenómenos de la naturaleza no son predecibles y en muchas ocasiones dejan destrozos y dolor a su paso, como ocurre con ciclones, terremotos o inundaciones, hay que reconocer que en nuestro país se ha avanzado mucho en la cultura de la prevención y el modo de reaccionar de los habitantes.

Tan sólo esta semana, se presentaron dos fenómenos naturales que afortunadamente pasaron sin mayores daños y sin pérdida de vidas humanas. El miércoles, la zona limítrofe de la Ciudad de México y el Estado de México padeció una fuerte granizada, que colapsó el tránsito en la autopista México Toluca. Cientos de carros y autobuses estuvieron varados por más de quince horas en un tramo de más de 20 kilómetros.

El granizo que cayó en esa zona alcanzó una altura de cincuenta centímetros, lo que impidió el tránsito de vehículos. Más allá del frio, la pérdida de tiempo y una mala noche, no hubo mayores daños para quienes quedaron varados en la autopista que une al DF con la capital del Estado de México.

Ayer por la mañana, un fuerte sismo de 7.2 en la escala de Richter, con epicentro en Petetlén, Guerrero, despertó a la Ciudad de México y se sintió en los estados de Querétaro, Oaxaca, Jalisco, Morelos, Hidalgo, Estado de México, Puebla, Guanajuato y Veracruz.

Hay que destacar que los protocolos de protección civil, que se activaron de inmediato y permitieron conocer en muy poco tiempo que no había desgracias que atender. 

Salvo algunos daños como caídas de bardas y árboles o la evacuación de algunos edificios en la Col. Doctores del DF, para revisar posibles daños estructurales, el saldo en la capital de la República fue blanco.

Los tres niveles de gobierno ya demuestran en los hechos, ante estas situaciones, un nivel de coordinación inmediata.

En el caso de la granizada, la Delegación Cuajimalpa, el Gobierno de la Ciudad de México, el Gobierno del Estado de México y el Gobierno Federal, a través de la Coordinación General de Protección Civil, trabajaron de modo conjunto sin tratar de buscar reflectores. Se atendió la situación y se protegió la integridad de las personas. 

En el caso del sismo, la información fluyó sin contratiempos y del susto se paso a la calma, al conocer que no había daños mayores que lamentar.

Las imágenes del sismo de 1985 no dejan de estar presentes, así como la desafortunada actuación de un gobierno que no supo reaccionar ante una desgracia natural.

A casi treinta años de distancia, la sociedad organizada que puso el ejemplo en ese momento, puede estar satisfecha de que construyeron la base de una conciencia social de reacción ante fenómenos naturales, así como la obligación de implementar mecanismos de protección civil tanto preventivos como de atención a desastres.

Y que ahora, las entidades de gobierno responsables de atender estas situaciones, cuentan con elementos suficientes para evitar en la medida de lo posible mayores desgracias que las provocadas por un fenómeno natural, ¿no cree usted?