Peor para la verdad

De ocurrencias y aeropuertos

Un aeropuerto es la puerta de entrada a un país o ciudad. Esa es la primera impresión que los viajeros tienen del lugar que visita, de ahí la importancia que se la ha dado a las terminales aéreas en los últimos años, en donde se conjugan los elementos necesarios para brindar a quienes por ahí transitan comodidad y los más variados servicios.

En días pasados, el Presidente Enrique Peña anunció el proyecto del nuevo Aeropuerto de la Ciudad de México, diseñado por el prestigiado arquitecto inglés Norman Foster y el mexicano Fernando Romero.

 La ubicación de la nueva terminal fue tema de un amplio debate durante muchos años. Después del fallido intento de construirlo en la zona en donde ahora finalmente se edificará, surgieron opciones como Hidalgo, Puebla o Toluca.

 Este proyecto contempla desarrollarse en diferentes etapas, la primera empezará en el 2015 y se terminará en el 2020, con tres pistas paralelas de operación simultánea y una capacidad para más de 50 millones de pasajeros, el doble de los que viajan actualmente en el AICM, que cuenta con dos pistas y no se pueden aterrizar y despegar al mismo tiempo.

 La proyección contempla que alcance su máxima capacidad en el año 2065, con seis pistas en total, que transportaran a 120 millones de pasajeros al año.

 Esta planeación es resultado de un arduo trabajo que muestra como si se pueden impulsar proyectos ambiciosos, pero que cuenten con un sustento que le de viabilidad y posibilidad de crecimiento a futuro, para que no se vuelva a repetirá la historia del actual aeropuerto, que ha tenido innumerables remodelaciones y adaptaciones que sólo lo han ido “parchando”, ajustando a necesidades de coyuntura que son rebasadas de inmediato.

 Con este anuncio, es obligado recordar el fallido intento del nuevo Aeropuerto de Tampico. Este proyecto, impulsado por el anterior gobierno estatal, tuvo la misma suerte que el aeropuerto capitalino que quiso construir Fox.

 Tanto en Tampico como en Texcoco, surgieron grupos de inconformes que señalaron un manejo poco transparente en la adquisición de los terrenos en donde se pretendían construir los proyectos. Los amparos de particulares de  Tampico mostraban los apetitos voraces de la especulación inmobiliaria que habría en caso de que se concretaran los nuevos aeropuertos. En el caso del DF, los machetes de los pobladores de Atenco dieron fin a su construcción hace más de diez años.

 Estos ejemplos, que son lo que justamente no se debe de hacer, demuestran que nuestro país ha cambiado y ya las decisiones y proyectos no se pueden basar en ocurrencias. Tiene que haber una planeación a corto, mediano y largo plazo. Se deben de dejar atrás las visiones limitadas que sólo pensaban en la ceremonia de corte de listón, aunque después fueran elefantes blancos que nadie utilizara.

 Además, el tema que actualmente se aprecia ha tenido mayor atención es el relativo a la transparencia, tanto que se ha comprometido el Gobierno Federal a que se dará información en tiempo real sobre las contrataciones, empresas y montos que se estarán erogando durante la construcción.

 El Gobierno Federal esta poniendo el ejemplo de cómo se pueden hacer las cosas con visión de largo plazo, con altura de miras y sin pensar en lucimientos personales. El nuevo aeropuerto del DF empezará a funcionar en el 2020, por lo que le corresponderá al siguiente Presidente de la República inaugurarlo.

 Es una valiosa oportunidad de hacer un ejercicio de desarrollo de gobierno- administrativo, además de generar un buen precedente donde queden atrás la improvisación, la desinformación y la falta de transparencia, ¿no cree usted?