Peor para la verdad

La inseguridad y los significados

Con motivo de la detención de Joaquín “El Chapo” Guzmán, que ha sido comentada ampliamente en todos los medios, mucho se ha hablado sobre su poder económico, como lo demuestran sus propiedades y los mecanismos de protección con que contaba y que le permitieron evadir a la justicia durante muchos años.

Más allá de las especulaciones y la efectividad que significa sobre la solución del problema de inseguridad que existe en México su detención, el mensaje principal al crimen organizado es que el Estado mexicano tiene la fuerza y los elementos para combatir a cualquiera, por más poder que haya logrado reunir. 

La parte más importante del mensaje que el Gobierno de la República envía a los delincuentes es cuando el buscado narcotraficante es conducido, sometido por los marinos y esposado, con la cabeza baja y la mirada oculta.

Que diferencia a las presentaciones de delincuentes retando a la audiencia, sonriendo y vestidos con playeras de marca.

Esta es la nueva realidad de nuestro país, que ha sido azotado por la inseguridad y ha sufrido muchos dramas familiares por esta situación. 

Por la importancia que significa el cambio en materia de combate a la delincuencia, es que la agenda de seguridad no debe caer en la vileza de la duda o el lucro, o aprovechar estos logros como el espacio de oportunidad para fomentar la especulación y desacreditar vía el rumor o la intriga a adversarios, desde el anonimato y sin firma, como ha sido el caso de algunos políticos y empresarios. 

Si bien es cierto que como parte de nuestra formación cultural como sociedad, siempre surgen versiones o suposiciones que van tomando forma en el imaginario colectivo, todos debemos de contribuir a terminar con los “sospechosismos” y los “complots”, que siempre rondan como fantasmas y son utilizados para beneficios específicos por algunos personajes. 

Tampoco es momento para elucubrar y armar escenarios en donde todo tenga que ver con la detención de un delincuente. Si bien la justicia tiene sus tiempos, no siempre tienen que ir juntas algunas resoluciones con hechos aislados.

Hay que ver con claridad y no caer en falsas especulaciones. 

Porque habría que preguntarnos si nos conviene lucrar con la agenda de seguridad. ¿Es autentico promover el rumor en redes? ¿Es válido creer en mensajes sin firma y sin fuentes?  Sobre el sistema de procuración de justicia, ¿alguien entiende porque el poder judicial puede negar u otorgar sentencias de amparo a favor o en contra? Siempre queda la duda, la suspicacia. 

En los años recientes, la espiral de inseguridad nos llevó a ver el rostro del dolor y la impotencia, conocer la crueldad del crimen organizado, sentimientos que sentimos personas y familias completas y que nos llevó a entender lo vulnerables que todos somos.

¿Realmente vale la pena, en nombre de mis preferencias individuales de color, promover el rumor? ¿Dañar a mis paisanos? ¿Desde la sociedad contribuir a la inestabilidad social que tanto criticamos? Hacerlo solo contribuye a que la captura pierda valor, pero para el país y para la sociedad, porque la ganancia la va a tener un color.  

Es como sí cuando la selección nacional le gana a Brasil, y sale el experto a terminar con la fiesta explicando que el resultado se logró porque no jugaron todos los titulares que juegan en Europa.

Así, el resultado es pírrico y poco contribuye a levantar la moral de un país. 

Por eso, ante las versiones y los rumores sin fundamentos, hagamos oídos sordos y veamos hacía adelante.

Recuperemos todos la tranquilidad y el país que tanto añoramos, respetando las acciones que sí contribuyen a generar paz social. No caigamos en la tentación de los ajustes de cuentas.

Cada quien es el constructor de su propio destino, no se necesitan libelos o mensajes anónimos para crear o destruir.

Todo, tarde o temprano se sabe. No contribuyamos a la descomposición social, porque esta es nuestra ciudad, nuestra gente y lo que está en la mesa es la consolidación de nuestro futuro, ¿no cree usted?