Peor para la verdad

De desaparecidos y miedos

La noticia de los 43 estudiantes normalistas de Ayotzinapa, Guerrero, desparecidos hace más de un mes, ha sido un fuerte recordatorio de la situación de inseguridad que prevalece en varios regiones de nuestro país.

 Desafortunadamente tuvo que pasar esta desgracia para que volteáramos a una realidad que es difícil de aceptar. El dolor de los padres y familiares se ha ido replicando en diferentes sectores, generando un eco que se ha divulgado a lo ancho y largo del país.

 Después de más de treinta días, su desaparición es tema de todos, es dolor e indignación de todos, al grado que el propio Presidente Enrique Peña accedió a escuchar personalmente a sus padres.

 Este hecho desafortunadamente se suma a otros, que han terminado en la frialdad de las estadísticas. Ahí están los muertos de San Fernando. Los jóvenes secuestrados del Bar Heaven en el DF. Los desplazados de Michoacán. Las tragedias de los migrantes. Y un largo etcétera que de tan frecuentes forman parte de la cotidianidad informativa de los años recientes.

 En días pasados, a esta situación se sumó la desaparición de cuatro jóvenes estadounidenses en Matamoros, cuyos cuerpos fueron localizados sin vida y en cuyo asesinato vinculan a las escoltas de la Presidenta Municipal.

 La realidad, que rebasa en mucho a las series de televisión y a las historias que tanto se cuentan, es preocupante. La indignación es cada vez mayor. Por eso, somos la sociedad quienes debemos de seguir levantando la voz.

 Y que mejor ejemplo que los padres de los normalistas, cargando su dolor y el de miles de mexicanos, alzando su reclamo y exigiendo al gobierno la localización de los estudiantes, en una petición que se está convirtiendo en una larga agonía para todo el país.

 Sin embargo, su reclamo está generando que las puertas se abran y la atención sea cada vez mayor. Ya el Presidente Obama se refirió al asunto, al igual que el Papa Francisco. La indignación ya cruzó las fronteras y no la va a detener hasta que haya una solución.

 Por lo pronto, ya las investigaciones se están revisando en el despacho presidencial, en donde se está atendiendo la que se ha convertido en la mayor crisis del actual gobierno. Porque además no sólo se trata de resolver una tragedia, sino de atender una demanda que se ha postergado años.

 Hay que tomar en cuenta que como bien dijo el Secretario de Gobernación Miguel Angel Osorio Chong, hay que esta preparados para cualquier resultado, en clara alusión a la posible muerte de los jóvenes estudiantes, lo que debemos de considerar es que no se puede permitir que la impunidad exista y que no se repitan este tipo de situaciones.

 Nadie se merece vivir con miedo, porque es igual a estar secuestrado o coartado de su libertad. Guerrero no puede ni debe de ser un asunto más de la agenda. Representa la definición del país en todos los ámbitos. Y todos, junto con los padres de los normalistas desaparecidos, debemos de enfrentar nuestra realidad, para cambiarla, en bien de todos, ¿no cree usted?