Peor para la verdad

El debate del presupuesto

El Palacio Legislativo de San Lázaro se convierte año con año en la mayor arena de negociación política bajo por el presupuesto. Los Diputados Federales reciben a los gobernadores y a un buen número de presidentes municipales para conocer sus peticiones de recursos económicos.

Sin lugar a dudas, es la mayor negociación política y económica, misma que en esta ocasión se da en un contexto económico aun más complejo que en años anteriores, tanto por el escenario internacional en donde la caída en los precios del petróleo ha generado crisis financieras en países productores del oro negro, como por el panorama nacional en donde la conformación del Congreso de la Unión cuenta con más partidos políticos ahí representados.

Esa nueva conformación política tiene un impacto directo en todos los niveles de gobierno. Primero en el Federal, al que su propuesta de Presupuesto que envía el Ejecutivo es discutida y modificada, en los gobiernos estatales, que demuestran sus capacidades de negociación y acuerdos con las cúpulas partidistas, y al final, en el nivel municipal que presiona para obtener los mayores recursos posibles de aquellos programas a los que tienen acceso.

De cara a esta negociación, que en estos días tiene sus mayores niveles de intensidad, es conveniente reflexionar sobre la importancia que tiene para el país el presupuesto. No es sólo la gran bolsa de millones de pesos que se reparte de manera discrecional, de acuerdo a muchos críticos. El presupuesto es la base que le permite a cualquier gobierno, sea federal, estatal o municipal, trabajar a favor de la ciudadanía.

Por eso, el correcto ejercicio de los recursos y la pulcritud con que se haga la rendición de cuentas a la ciudadanía, permitirá que la población vea a el presupuesto gubernamental como el motor del desarrollo social y económico de su país y de su localidad, y se deje de ver como el botín que se reparten un grupo de políticos para sus beneficios personales.

Por eso, las peticiones que se realicen desde cualquier nivel de gobierno a la Cámara de Diputados deberá de ser en el sentido de que servirá para verdaderas mejoras, no para obras de lucimiento político o para uso con fines de proselitismo disfrazado de apoyos.

Ese es el gran reto de ambas partes. De los gobiernos en sus tres niveles de gobierno y de los diputados de asumir con verdadera responsabilidad su papel en la conformación del presupuesto. Para eso debe de servir esa gran arena política, para que de ahí se consoliden las instituciones y de las sumas y restas que se realizan en San Lázaro, surjan verderos proyectos que le den a la gente la satisfacción y tranquilidad de que el dinero público es bien utilizado. De otro modo, la percepción ciudadana seguirá siendo de negociaciones en lo “oscurito” para obtener “moches” y demás beneficios, ¿no cree usted?