Peor para la verdad

El anhelo de justicia y los tiempos de crisis

La infanta Cristina, hija del Rey Juan Carlos de España, comparece hoy como indiciada ante el juez de Palma de Mallorca, José Castro, acusada de presuntos delitos fiscales y lavado de dinero por el manejo de dinero que realizó en la empresa Aizoon, que poseía con su marido Iñaki Urdangarin. 

Este capítulo forma parte del llamado “caso Nóos”, en el que están implicados Urdangarin y su ex socio Diego Torres, por el presunto desvío entre 2004 y 2007, de 6.1 millones de euros (unos 8.7 millones de dólares) de fondos públicos a través del Instituto Nóos, una institución sin fines lucrativos. 

Justo en el momento más álgido de la crisis económica de España, surge este escándalo que tanto en España como en el mundo entero ha tenido un fuerte impacto mediático, con el natural cuestionamiento de la vigencia de la Monarquía. 

Ante una sociedad española que reclama justicia, la Casa Real de España se encuentra en un momento muy delicado, donde incluso el Rey Juan Carlos ha sido motivo de fuertes críticas, como la que se originó al difundirse fotos de un safari en África cuando en su país la economía se iba a pique. 

Ya quedaron en el pasado el respeto y la autoridad moral y política del Rey. Su contribución a la transición ya forma sólo parte de los libros de historia. El respeto de la sociedad y de las diversas fuerzas políticas se fue diluyendo, en la medida en que los excesos se han ido conociendo. 

Como olvidar aquella escena en la televisión, cuando tras el golpe de Estado encabezado por el Teniente Coronel Tejero, sitiadas las Cortes y algunas ciudades, salió el Rey Juan Carlos, vestido de militar y en su carácter de Comandante Supremo del Ejercito, convocando a la unidad del pueblo de España. 

También forma parte del pasado lo dicho por el ex presidente Felipe González, del PSOE, quien dijo que desde su punto de vista socialista España no era pro monárquica, sino Juan Carlista, en un claro mensaje de respeto a los méritos del Monarca. 

Ahora, en una sociedad más informada y menos tolerante, pareciera que la monarquía se quedo en el pasado. Sobre todo si consideramos que el tema de la corrupción y la rendición de cuentas es una exigencia social auténtica, por lo que resulta sumamente preocupante que continúen con este tipo de excesos, como si la gente no fuera a descubrirlos.   

Estos errores y excesos de ambición ha puesto a la monarquía española en la palestra, haciendo posible que por primera vez en la historia un miembro de la familia real sea sometido a juicio, con el agravante de que es por un asunto de corrupción.  

El efecto que genere este juicio traerá como consecuencia impacto en otras monarquías, que aún existen en otros países. 

Olvidando los servicios prestados al país por su Monarca, ante una situación económica sin precedentes, este juicio ha excitado a una sociedad que reclama justicia, poniendo a su clase dirigente y política bajo ese rasero. 

El exceso de información que se maneja actualmente, reclama que cualquier personaje público se maneje con responsabilidad, porque nadie se puede escapar al linchamiento social, por más linaje que tenga.

Incluso, al margen de la gravedad de las acusaciones, las crisis, ya sea económica como la que atraviesa España, o incluso de inseguridad como la que se vive actualmente en nuestro país, generan en la población un anhelo de justicia ¿no cree usted?