Peor para la verdad

Volvamos a soñar

La violencia, desafortunadamente, forma parte de nuestra vida cotidiana. Está presente en las imágenes diarias que vemos en los medios de comunicación, en las manifestaciones de enojo que hay en las calles, en el bullying al que están expuestos nuestras hijas e hijos en las escuelas, en los patrones de conducta y estereotipos que observamos en periódicos, cine y televisión, y que están todo el tiempo presentes en los dispositivos móviles.

Si bien, la violencia y la inseguridad tienen un origen multifactorial, encuentran en la corrupción y en la impunidad un fuerte potencializador. De ahí que ante tantos escándalos que vemos en materia de corrupción, como sociedad hemos perdido capacidad de asombro.

El hartazgo social no tiene que ver sólo con los problemas nacionales, sino incluso con el contexto internacional. En las últimas semanas, hemos visto como la confrontación entre los Estados Unidos y Corea del Norte, por un lado, y de Estados Unidos con Siria por otro, ha ido escalando a niveles de tensión diplomática propios de un conflicto bélico de dimensiones internacionales, y posibles consecuencia para todo el planeta por lo que significaría una guerra entre potencias con grandes arsenales. Y sin embargo, no hay una reacción social que refleje la dimensión de lo que esto significa para la seguridad del planeta.

Por eso, es momento de hacer una pausa en nuestras aceleradas vidas y reflexionar sobre cuál es el mensaje que estamos transmitiendo a las próximas generaciones.

Nuestra responsabilidad es pensar en nuestro presente y en el futuro de nuestras familias. Comenzar a trabajar en la construcción de la paz social, en donde las y los niños y jóvenes sean el eje central. Formar a las nuevas generaciones con una nueva concepción de la realidad cotidiana, en donde la violencia sea la excepción y la convivencia, el respeto a los derechos humanos, la equidad de género, la participación ciudadana en las acciones de gobierno, la cultura de la legalidad, el orden, la paz y la justicia sean parte de nuestra cotidianidad. Pero sobre todo, que podamos volver a soñar y hacer nuestros sueños en realidad, ¿no cree Usted?