Peor para la verdad

Ucrania: Entre Moscú y Europa

Los disturbios de Kiev, la capital de Ucrania, le han dado la vuelta al mundo. La represión de que fueron objeto los manifestantes opositores al gobierno dejó un saldo de 70 muertos, según cifras oficiales. Las imágenes de la Plaza de la Independencia se asemejan más a un escenario de guerra.

Los movimientos de protesta en Ucrania llevan tres meses, e iniciaron después de que el Gobierno del Presidente Víktor Yanukóvich anunciará la suspensión de la firma de un acuerdo de asociación con la Unión Europea. Contrario a la expectativa general, decidió dar un giro a la postura gubernamental y restablecer relaciones comerciales plenas con Rusia.

Víktor Yanukóvich es considerado un político cercano a Rusia y en particular al Presidente Putin. Candidato perdedor en las elecciones presidenciales del 2004, justamente por su posición cercana a Rusia, se presentó en la contienda electoral del 2010 con una imagen diferente, en donde mostró simpatía con los sectores nacionalistas que han estado impulsando el acercamiento con la Unión Europea.

En Ucrania, después de la desintegración de la Unión Soviética, los partidos nacionalistas y de derecha han contado con el apoyo de amplios sectores de la población.

El nacionalismo ucraniano ha surgido fuertemente, después de años en los que incluso el idioma oficial fue el ruso. Ahora el idioma oficial es el ucraniano, que fue eclipsado durante la época soviética. El fantasma de la sumisión a Moscú está más presente que nunca, como lo muestra la reacción de la población ante el viraje del Presidente Yanukóvich hacía Moscú. Nuevamente las tentaciones del poder absoluto llevan a un gobierno a equivocarse.

El mandatario ucraniano llegó incluso a modificar la Constitución, implementando un gobierno presidencialista, que por cierto acaba de ser abolido por el Parlamento, como resultado de las presiones de los partidos de oposición que llevaron al Presidente a firmar un acuerdo en el que se le quitan los poderes que el mismo había impulsado, aprovechando la mayoría con que contaba al inicio de su mandato.

En sesión extraordinaria, la Rada Suprema restituyó la Constitución de 2004 y se restauró un sistema de gobierno mixto parlamentario. 

El lamentable derramamiento de sangre en la que ya se conoce como la plaza del Maidán, como se denomina el movimiento de protesta, se ha detenido y ha contado con la intervención de países como Alemania, Francia y Polonia, cuyos Ministros de exteriores intervinieron en las duras negociaciones entre el aún Presidente de Ucrania y los líderes opositores. 

Los movimientos sociales nos demuestran nuevamente su poder, sobre todo cuando los gobiernos se alejan por completo de sus gobernados. En democracia lo que cuenta es la voz de las mayorías, que se expresa sin temor porque sabe que nadie puede parar sus demandas.

Y resulta además absurdo que en un mundo globalizado, en donde la velocidad de la información no puede ser detenida por nadie, existan aún gobiernos que caigan en la tentación del autoritarismo y lleguen incluso a la represión, antes de entender que se debe de obedecer a quienes los eligieron. 

Resulta terrible que el descontento social tenga que llegar a esos niveles de protesta, como está ocurriendo en Venezuela, donde las protestas continúan y el gobierno de Nicolás Maduro sigue ignorando los reclamos.

En la democracia, hay que recordarles a los gobiernos, tanto de izquierda como de derecha, es obligación escuchar a todos, incluyendo a los inconformes.

Por eso la importancia del diálogo, de la madurez política y del compromiso con la Nación que debe de tener cualquier gobernante. No es posible que en pleno Siglo XXI, existan aún los muros ideológicos que se debieron de haber superado hace tiempo, ¿no cree usted?