Peor para la verdad

Reforma política: de cara al futuro

Ayer el Presidente Enrique Peña promulgó la Reforma Política, misma que emanó del Pacto por México, con las aportaciones de las principales fuerzas políticas.

Finalmente, después de muchos años de debate y discusiones sin fin, contamos con una reforma que esperamos resulte en beneficio del fortalecimiento de las instituciones y la consolidación de nuestra democracia.

La pluralidad política que ahora conforma a nuestro país requería de un ajuste al marco jurídico, porque se paso de la alternancia electoral en los estados a la alternancia en la Presidencia de la República, sin que hubiera alguna modificación a las leyes.

Tomemos en consideración que el sistema político presidencialista no contemplaba contrapesos, y mucho menos, una oposición activa y que también es gobierno en algunas entidades.Si bien la reforma política de 1977 permitieron dar cauce institucional a diversas expresiones políticas, aún no se consideraba que los partidos de oposición ganaran gobiernos locales y menos aún fueran mayoría en el Congreso de la Unión.

Con la alternancia en el Ejecutivo federal, pasamos a vivir otra etapa, en donde la oposición llegó a convertirse en un obstáculo para la concreción de reformas.

La parálisis legislativa se convirtió en parte de la práctica política cotidiana, en donde la inmediatez de las elecciones, ya fueran locales o nacionales, permitían avanzar muy poco en los grandes temas, mismos que se fueron postergando y postergando.

Con el retorno del PRI a la Presidencia, se convoca a los líderes de los principales partidos políticos para la firma del Pacto por México, dando por resultado que la política regrese y se practique, con sus encuentros y desencuentros naturales, pero dando como resultado diversas reformas, como la política, que ahora justamente comentamos.Ahora viene la parte más importante y trascendente.  

Que la reforma política se traduzca en un fortalecimiento de la democracia.

Que las autoridades electorales, tan cuestionadas últimamente, recuperen su fuerza moral y sean los árbitros independientes que se requieren, sobre todo en los estados, en donde muchos gobernadores convirtieron en virreinatos sus entidades. 

De igual modo, esperemos que las nuevas reglas electorales permitan a la ciudadanía conocer más las propuestas y menos las guerras sucias. La sociedad ya esta cansada de tantas peleas por el poder.

Regresemos a la competencia electoral, en donde los ciudadanos elijan y la mayoría decida sin la influencia de campañas ocultas, sucias o manipuladas.

La inclusión de figuras como gobiernos de coalición o la reelección legislativa, que han sido muy controvertidas desde su proposición, permitirán que exista mayor seriedad en los acuerdos políticos y no se haga sólo “grilla” para la inmediatez de las elecciones. Por otra parte, también debemos de pasar también a cumplir con la obligación de la rendición de cuentas.

La transparencia en la gestión pública debe de ser algo cotidiano, no algo extraordinario que sea destacado por los políticos en sus discursos.

También la sociedad civil debe de continuar con su empoderamiento, para que se generen los contrapesos no sólo al gobierno, sino también a aquellas expresiones políticas que quieran tomar como banderas aquellos temas que siempre han sido defendidos desde la organización civil.

Esto permitirá que la dinámica entre la población y las instituciones sea más fuerte y no dependa de los colores que gobiernen.

Como podemos ver, el reto ahora es de todos.

Porque todos formamos parte de este país y juntos construimos día a día, desde nuestro trabajo y con nuestra familias a México.

No permitamos que el hartazgo de la política nos gane.

Participemos, opinemos, votemos. Las leyes ya están ahí. Ahora nosotros debemos vigilar que se cumplan, ¿no cree usted?