Peor para la verdad

Política y resultados

El año que está por terminar se ha caracterizado por ser de una actividad política muy intensa, como hace muchos años no habíamos visto. A lo largo de estos meses, hemos sido testigos de encuentros y desencuentros muy diversos, tanto entre los principales actores políticos como al interior de los partidos.

Esta actividad tiene su origen en el tan comentado Pacto por México, acuerdo que firmaron el Presidente Enrique Peña y los líderes de los tres principales partidos políticos, justo al inicio de la actual administración.

En el pacto, se asumieron compromisos de la más diversa índole, ya que cada fuerza política propuso asuntos de sus agendas específicas, lo que permitió justamente que se generaran puntos de coincidencia.Así, la imagen de Cesar Camacho, Presidente del PRI, Gustavo Madero, Presidente del PAN y Jesús Zambrano, Presidente del PRD, fue frecuente en los diarios y la televisión.  

Sus reuniones y las negociaciones que ahí se realizaban permitieron que los trabajos legislativos tanto en la Cámara de Diputados como en el Senado de la República abordarán temas tan trascendentes como las reformas de telecomunicaciones, laboral, fiscal, educativa, la relativa a transparencia y rendición de cuentas, así como la energética, por mencionar las más destacadas.

Estas reformas, ahora concretadas, marcan un antes y un después en nuestro país, porque ya se había vuelto un lugar común el señalamiento de que las “reformas estructurales” serían el detonador del desarrollo del país.  

Las administraciones anteriores que no lograron concretar reformas tan importantes, cayeron en la cómoda posición de poner como el pretexto ideal la ausencia de las “reformas”.

Ahora, hay que reconocer que hubo voluntad política de todas las partes para poder impulsar agendas que incluso en algunos momentos se confrontaban, como fue el caso del PAN y su oposición a la reforma fiscal; o del PRD y su rechazo a la reforma energética.

Esta diversidad de posiciones, de señalamientos, de cuestionamientos e incluso de desencuentros es lo que le permitió a la clase política poner en práctica el ejercicio de la política, que por cierto hace mucho que no veíamos ejercer de modo tan claro.

Por supuesto que impulsar temas tan importantes generará costos a todos, pero la apuesta es que los beneficios sean para el país, en un corto y mediano plazo, porque el clamor social es justamente ese: ver reflejado en la economía doméstica los beneficios de las “reformas”.

Este ejercicio de política no debe de quedar sólo en un arranque, más bien debe de convertirse en la marca país, porque la política es una herramienta indispensable para cualquier democracia, y México necesita consolidar no sólo su sistema democrático, sino también fortalecer sus instituciones para que dejemos en los libros de historia las viejas prácticas de reinventar al país cada seis años.  

Lo que sigue, para todos, políticos y sociedad, es justamente transitar ahora sí en los hechos a una nueva etapa de nuestro país.  Ya no hay pretextos, ahora esperemos los resultados, ¿no cree usted?