Peor para la verdad

Orden social y libre manifestación

El Congreso del estado de Quintana Roo aprobó la Ley de Ordenamiento Cívico, legislación que regula las marchas y manifestaciones en esa entidad.  

En marzo pasado, los diputados de dicha entidad aprobaron la Ley de Ordenamiento Social, misma que no fue publicada y ahora es sustituida por esta nueva propuesta de ordenamiento de las protestas sociales.

Y el tema viene a colación debido a las manifestaciones que se realizaron con motivo del 1 de Mayo, Día del Trabajo.

En la Ciudad de México, nuevamente los anarquistas hicieron desmanes a su paso, causando daños a comercios y mobiliario público. 

En la capital de la República, tan sólo durante el año pasado hubo en sus calles un total de siete mil trescientos diecinueve movilizaciones, que van desde mítines, marchas, caravanas, plantones, concentraciones, bloqueos viales, tomas de instalaciones y asambleas informativas. 

Las afectaciones son incalculables.

Horas hombre perdidas, ventas afectadas, vialidades principales afectadas, autoridades vulneradas.

Y sin un marco legal que le permita a los cuerpos de seguridad poder actuar en el resguardo de vialidades e inmuebles, sin ser acusados de represión. 

Con un discurso tan amplio en materia de libertades, en el que hay que reconocer un avance significativo tanto en el Congreso Federal como en muchas entidades, resulta necesario poder lograr una armonización entre el derecho a la libre manifestación y los derechos de terceros.

En otros países como Estados Unidos, Chile, Colombia, Reino Unido, Canadá y Colombia, hay legislaciones que regulan las marchas, con reglamentos específicos que limitan horarios y espacios, y en donde los organizadores de las manifestaciones asumen la responsabilidad del desarrollo de la misma. 

Si bien algunas de estas leyes son anteriores a los recientes estándares de protección a los derechos humanos, es importante señalar que están vigentes  en países en donde cuentan con un avance mayor en materia de difusión y protección de los derechos humanos, lo que refleja justamente ese punto de equilibrio necesario entre quienes realizan una protesta y el resto de la población. 

Hay que señalar que el ejercicio de las libertades públicas y su invasión a la esfera de derechos de terceros es algo que no se puede permitir. Hacerlo es victimizar a otros sectores de la sociedad que no tienen ninguna relación con las banderas que enarbolan. 

Regular con un marco jurídico la libre manifestación no la vulnera o la restringe.

Pone equilibrio a los derechos y obligaciones ciudadanas. Brinda garantías tanto a quienes forman parte de la misma como a quienes de modo directo o indirecto pueden resultar afectados por las mismas.  

Hemos avanzado mucho como sociedad, por lo que continuar presionando a la autoridad con afectaciones a terceros para llamar la atención no debe de seguir siendo el mecanismo de presión.

La autoridad también debe de asumir su parte de responsabilidad y evitar, en la medida de lo posible, que la inconformidad llegue a las calles. 

Seguir en el camino de no legislar en esta materia es un retroceso.

Los legisladores y la sociedad organizada deben dejar de un lado sus posiciones absolutas y entender que en una sociedad, todos debemos concretar acuerdos para el bien común.

Es indispensable ser congruentes con la realidad social, sobre todo ahora que las marchas son con diversos motivos, no sólo políticos como en algún momento histórico las caracterizó. 

¿Cuántas escenas hemos visto donde el automovilista atrapado y desesperado se pelea con el bloque de manifestación? Incluso hasta atropellándolos por la histeria social que la situación les provoca. 

Quintana Roo, la entidad más joven del país ya dio el primer paso.

Ahora hay que elevar el debate y perfeccionar el trabajo legislativo, porque las marchas y manifestaciones no sólo ocurren en el DF.

Y debemos de estar preparados para evitar afectaciones como las que hemos visto, donde no hay protesta social, sino vandalismo, por lo que la ley debe de aplicarse para sancionar los delitos que se comentan, ¿no cree usted?