Peor para la verdad

Nuevo árbitro electoral: INE

El Instituto Nacional Electoral, resultado de la reforma político electoral aprobada por el Congreso de la Unión el pasado mes de diciembre y promulgada en febrero, tuvo su primer sesión ayer viernes.

Lorenzo Córdoba fue designado Presidente Consejero y en esta nueva etapa del árbitro electoral le corresponderá representar al INE y dirigir las sesiones del Consejo General.

Junto con el Consejero Presidente Lorenzo Córdoba, la Cámara de Diputados  eligió por un periodo de nueve años a Adriana Margarita Favela, ex magistrada electoral; José Roberto Ruiz, secretario del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF), y Ciro Murayama, académico de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

Los cuatro consejeros designados para un periodo de seis años son Marco Baños, consejero del IFE; Enrique Andrade, ex coordinador de asesores en el IFE; Alejandra Pamela San Martín, ex funcionaria del IFE, y Benito Nacif, también consejero del IFE.  Por un periodo de tres años, fueron seleccionados Beatriz Eugenia Galindo, ex magistrada electoral; Javier Santiago Castillo, ex presidente del Instituto Electoral del Distrito Federal (IEDF), y Arturo Sánchez, ex consejero del IFE. 

A estos once Consejeros electorales les corresponderá organizar y vigilar las elecciones del próximo año, en donde se renovará la Cámara de Diputados y, de acuerdo a las atribuciones que se les designen en las leyes secundarias que se discutirán y aprobaran las próximas semanas en el Congreso de la Unión, también participarán en las elecciones locales que tengan lugar. 

Es importante señalar que este nuevo capítulo de la arena electoral de nuestro país cuenta con un aporta muy valioso, el trabajo realizado por el Instituto Federal Electoral durante casi 24 años de existencia. 

El IFE, creado por la reforma constitucional de 1989, significó un antes y un después de los procesos electorales en México.

La integración de su Consejo permitió que tuviera una autoridad incuestionable, lo que permitió transitar de los cuestionamientos de los resultados electorales en las calles, a la institucionalización de las jornadas electorales y la revisión de las anomalías y denuncias en las instancias correspondientes. 

No es un caso menor, si consideramos que en la cuestionada elección presidencial de 1988, el árbitro electoral, en ese entonces Comisión Federal Electoral, dependía de la Secretaría de Gobernación. 

El IFE se conformó como resultado de la presión ciudadana que reclamaba el respeto al sufragio. Los primeros años del IFE fueron transformando el mapa político del país. Ya no resultaba sorpresivo que algún partido de oposición ganara en algún municipio o incluso una gubernatura.

La democracia pasó de ser una palabra que se repetía en los discursos políticos a formar parte de nuestra vida cotidiana, y por supuesto, de las jornadas electorales a todo lo largo y ancho del país. Esa experiencia es el gran legado del IFE. Su estructura de trabajadores especializados en materia electoral debe de ser aprovechada por el nuevo INE, que justamente ahora tendrá el gran reto de recuperar la confianza del electorado. 

Mención aparte merecen los cuestionamientos de que fue objeto el IFE durante los últimos años, principalmente después de la elección presidencial del 2006.

La pasión de la contienda electoral llevó al IFE a una posición en donde sus consejeros fueron cuestionados, porque más que responder a un proceso de selección ciudadano las posiciones del Consejo General se convirtieron en cuotas de los partidos políticos. 

Ahora, que se lograron consensos para la elección de este Consejo, y sigue vigente en la negociación partidista las “cuotas”, los nuevos Consejeros tienen la alta responsabilidad de regresarle a la ciudadanía la confianza en la institución electoral.

La construcción de nuestra democracia, que continúa de modo permanente en cada jornada electoral, requiere de un árbitro electoral fuerte, comprometido con la Nación.

Deseamos por el futuro del país que este nuevo ciclo motive la participación ciudadana, porque es con el voto de todos como podemos seguir avanzando como sociedad, ¿no cree usted?