Peor para la verdad

Los Jóvenes y la protesta social

La desafortunada desaparición de 43 estudiantes normalistas en el estado de Guerrero, hace ya tres semanas, ha generado una ola de indignación social que ha traspasado nuestras fronteras.

Conforme pasan los días y siguen sin aparecer los cuerpos de estos jóvenes, las protestas se siguen multiplicando en varias ciudades de nuestro país e incluso en otras partes del mundo.

Resulta inaudito que en pleno siglo XXI, la manifestación pública realizada por un grupo de jóvenes haya sido atacada por el gobierno municipal de Iguala, con tal nivel de abuso de autoridad que generó incluso ataques con armas de fuego a un autobús donde se transportaba un equipo de fútbol, donde resultaron muertos el chofer, un futbolista y una mujer que por mala suerte iba en un taxi. Del paradero de los estudiantes solo se sabe que policías y grupos armados se los llevaron, sin que se tenga la certeza de que estén aun con vida.

La situación ha escalado a tal nivel, que el Gobernador Ángel Aguirre cedió a la presión social y presentó su solicitud de licencia. Por su parte, el Presidente Enrique Peña ha estado atento del desarrollo de las investigaciones, y de las movilizaciones que se han realizado, reconociendo el descontento social que existe ante estos hechos.

Y es justo destacar que las movilizaciones que se han realizado son mayoritariamente de jóvenes, quienes ante la represión que sufrieron sus pares de la Normal de Ayotzinapa, se han organizado y salido a las calles para expresar su descontento con una enorme carga de rabia y frustración, pero sin caer en el desorden ni actos de vandalismo.

Nuestros jóvenes nos están recordando que el ímpetu con que cuentan es, como lo ha sido a lo largo de la historia mundial, el más eficiente motor del cambio social.

Esta lección debe servirnos para reflexionar sobre el papel de la manifestación pública, que a últimas fechas ha sido criminalizada, en lugar de que se le considere como un parámetro de inconformidad de ciertos sectores de la población ante temas específicos.

Si bien es cierto, en diversas regiones del país las autoridades han sido rebasadas por completo, como lo está demostrando el caso de Guerrero, lo importante es que la población, ahora con esta oleada de manifestaciones sin violencia que los jóvenes están realizando, exprese su voz, sus molestias y sus inconformidades sin miedo, con la fuerza que da el conjunto social.

Hace tan solo unas semanas reconocíamos en este mismo espacio la actitud asumida por los estudiantes del Instituto Politécnico Nacional. Ahora, con enorme satisfacción podemos decir que son los jóvenes en general, los que le darán a nuestro país la fuerza para salir adelante de los problemas que enfrentamos, ¿no cree usted?