Peor para la verdad

Evitemos la violencia en el futbol

La violencia en el estadio Jalisco la semana pasada es una fuerte llamada de atención sobre la serie de expresiones de inconformidad que se han venido presentando en diversos espacios, no únicamente deportivos, en el país durante los años recientes.

En esta ocasión, por tratarse de un espectáculo tan popular, con un alto impacto mediático y por los costos económicos que significa la ausencia de espectadores en los estadios por actos vandálicos, las autoridades reaccionaron de una manera muy rápida, incluso a nivel federal en el Congreso de la Unión, donde los diputados tenían archivada la iniciativa de violencia en espectáculos deportivos, que afortunadamente fue aprobada en la Cámara baja y ahora enviada al Senado para su discusión.

El comentario en días recientes ha girado en torno a cómo las denominadas barras han venido radicalizándose, y las autoridades a pesar de conocer su existencia, no hayan hecho algo para evitar situaciones como la ocurrida en el partido Atlás-Guadalajara, donde elementos policiacos fueron salvajemente agredidos.Veamos.

Por un lado, expresiones de violencia que llegan a convertirse en vandalismo se han presentando en diversos espacios. En la Ciudad de México, la presencia de grupos denominados anarquistas en las marchas es cada vez más frecuente. En la UNAM, el auditorio Justo Sierra de la Facultad de Filosofía y Letras lleva años secuestrado por “jóvenes ultras”. 

De la otra parte, los gobiernos en sus diferentes niveles no han podido establecer los protocolos de actuación que requieren conocer los cuerpos de seguridad, para que en manifestaciones o espectáculos masivos se puedan atender situaciones de violencia y se evite en la medida de lo posible cualquier altercado.

Si tomamos en cuenta que en unos meses la euforia futbolística por el Mundial de Brasil va a estar presente por todos lados, podemos entender porque en esta ocasión se reaccionó –gobierno y directivos del futbol mexicano- ante una situación ya se había denunciado en numerosas ocasiones.

Tomemos en cuenta el riesgo que esto representa, porque en una época  donde en varias regiones del país aún prevalece una fuerte presencia de la delincuencia y sus manifestaciones de descomposición social, es sumamente preocupante que se refleje en parte de la afición del deporte más popular del país.

Desafortunadamente la impunidad que ha existido en sucesos similares ha empoderado a estos grupos de supuestos aficionados, que bajo el cobijo de su afición y apoyo a tal o cual equipo, han convertido su asistencia a los estadios en sinónimo de vandalismo En este contexto, en poco ayuda el manejo que algunos medios le dieron a este suceso, destacando sus fobias deportivas y contribuyendo al encono entre los aficionados.

El futbol o cualquier deporte se merecen tener a la mejor afición, pero para eso se necesita que todos contribuyan.

Los equipos dando un buen espectáculo, las autoridades capacitando a los policías para que sepan manejar situaciones de masas y a los aficionados hacer valer la ley. Es importante señalar que asistir a un estadio y bajo la protección del anonimato que brinda el pertenecer a una “barra”, no es un permiso para agredir a los “contrarios” o a las autoridades.

No caigamos en el falso debate de la criminalización de los aficionados al futbol.

Quienes han cometido estos delitos no son la mayoría ni representan la postura de algún equipo de futbol.

Retomemos la esencia deportiva y esperemos que las autoridades hagan lo suyo, incluyendo el reforzamiento del marco jurídico para actuar en contra de quienes quieran hacer de los estadios de futbol un campo de batalla, ¿no cree usted?