Peor para la verdad

Estabilidad y cambio

Por mucho tiempo, en nuestro sistema político ha sido difícil expresar abiertamente diferencias y posiciones propias. La vida política era cerrada, con fuertes inercias y una disciplina vertical que era la fórmula para garantizar la unidad.

Actualmente, la sociedad exige a quienes participamos en política que hagamos públicas nuestras razones, que los defendamos con honestidad y compromiso.

Hemos estado divididos a causa de la tensión entre estabilidad y cambio. En el año 2000, en el país se votó por la alternancia, que finalmente llegó a nuestro estado el pasado 5 de junio, cuando los tamaulipecos votaron por el cambio, venciendo viejas resistencias, el miedo inducido y la incertidumbre a lo desconocido.

Hace poco tiempo, México vivía en una economía más cerrada, con medios de comunicación limitados, circunscritos al país, información política controlada. Las representaciones corporativas sindicales, empresariales y campesinas tenían mayor capacidad de interlocución, pero han ido cambiando los valores y la relación de la sociedad con el poder. La sociedad ha aumentado su autonomía, se ha empoderado, con una mayor participación en los temas públicos. Además, con el internet y las redes sociales ha ganado una tribuna libre para hacer sus denuncias.

Sin embargo, subsisten estructuras antiguas de poder en representaciones corporativas, que si bien han sido útiles para alcanzar propósitos de interés general, el asunto es si aún le sirven al país, así como su forma de hacer política.

Se debe avanzar en la cohesión social, fortalecer conductos interinstitucionales para que las nuevas realidades tengan cause, voces, líderes, compromisos y responsabilidades, sino, la tarea de gobierno enfrentará riesgos adicionales.

Debe haber mayor participación ciudadana, porque  hoy en día es una necesidad cogobernar con la sociedad y enfrentar de manera conjunta el mal nacional que se llama corrupción y falta de transparencia.  Estos problemas no se van a resolver con las viejas prácticas del control y la exclusión, esos canales de representación ya no garantizan el control, sino al contrario, reproducen el conflicto.

Recordemos que un cambio político no se acaba con una elección, ni con esperar a que automáticamente ese vacío se llene con algo nuevo.

Necesitamos una verdadera separación de los partidos políticos y el gobierno, vida municipal vigorosa, medios de comunicación al servicio de la sociedad, cuerpos de seguridad mejor capacitados, administración y procuración de justicia que haga posible una mejor impartición de la misma, con especial cuidado de la readaptación social, así como plena autonomía al árbitro electoral y jurisdiccional,  ¿no cree usted?