Peor para la verdad

España después del Rey Juan Carlos

La transición de España del régimen franquista a la democracia, no hubiera sido posible sin la figura del Rey Juan Carlos, que logró arbitrar entre un sistema totalitario que se negaba a entregar el poder y grupos políticos y sociales que reclamaban democracia y libertad.

Su autoridad política fue incuestionable, incluso en los momentos más delicados, como el golpe de Estado encabezado por el Teniente Coronel Tejero, con las cortes sitiadas y algunas ciudades, cuando el Rey, vestido de militar y en su carácter de Comandante Supremo del Ejército, en un mensaje televisado convocó a la unidad del pueblo de España. 

En el ámbito de gobierno, su conciliación siempre fue determinante entre las fuerzas políticas, tanto en los diferendos como a la hora de “hacer gobierno”, como denominan en España al sistema de mayorías. 

Su fuerte personalidad y carisma llevó incluso a que el ex Presidente Felipe González, del PESOE, dijera que España “no es monárquica, es Juancarlista”. 

Pero como en toda sociedad en continuo movimiento y desarrollo, las instituciones como las personas se hacen viejos.

La España de hoy es otra. Convulsionada por sus retos económicos, en un escenario de protestas sociales, de inconformidad generalizada, la gente perdiendo sus propiedades por las hipotecas, los jóvenes sin  empleo ni perspectiva de mediano plazo. Hoy, España se ha convertido en un país de viejos y migrantes marginados. 

Es justo en medio de esta vorágine que la monarquía española, a pesar de haber sido de las más discretas o moderadas, se vio envuelta en escándalos como el caso Urdangarin, donde su yerno se vio envuelto en señalamientos de delitos fiscales y lavado de dinero, o el zafarí del Rey por Africa, entre otros. 

Si bien es cierto que cada régimen o modelo de gobierno es bueno en la medida que funcione y atienda la razón del Estado, que es cumplir para lo que fue creado, garantizando el bien público temporal, así como los derechos indispensables de la convivencia social armónica y el desarrollo, siempre se genera un desgaste natural por el ejercicio de gobierno. 

En países como Emiratos Arabes (Dubai) o Kuwait, la población está conforme con el sistema Monárquico, pero hay condiciones de bienestar general que la hacen posible. También habría que considerar que son países pequeños y con ingresos importantes provenientes del petróleo. 

Otra situación es la que prevalece en la España que deja el Rey Juan Carlos después de 39 años de haber ocupado el trono, con una sociedad tan crítica como participativa. 

El próximo 19 de junio, el aún Príncipe de Asturias será proclamado Rey Felipe VI. Un día antes, las cortes aprobarán la ley de abdicación con un apoyo del más del 90 por ciento de los integrantes de las Cámaras.

Se contempla que solo será rechazada por el grupo parlamentario Izquierda Plural y los cuatro partidos que forman el Grupo Mixto (ERC, BNG, Compromís y Geroa Bai).

Este grupo de oposición piden la realización de un referéndum para que los españoles elijan entre Monarquía y República. Pero más allá de los acuerdos políticos, no habrá que perder de vista a la sociedad española, que ha manifestado en las calles su abierto rechazo a la Monarquía. Es un panorama muy difícil para el heredero de la Corona. 

En pleno siglo XXI, el reto será entender si ya es tiempo de cambiar, valorando si hay instituciones suficientemente solidas para garantizar el siguiente paso en la historia de España, ¿no cree usted?